miércoles, 27 de agosto de 2008
Punto y coma;
-No.
"La puta, esto no me puede pasar a mí a esta altura del partido", pensó E. Se hacía de noche, no tenía mucho para hacer ni le debía nada a nadie, pero tenía una necesidad imperiosa de saber la hora.
Los relojes de la ciudad estaban descompuestos, como si fueran teléfonos, por una epidemia de lentitud que los había hecho retrasarse irregularmente. Y encima de todo, la poca gente que atesoraba un reloj pulsera en su muñeca (los únicos que habían sido inmunes al brote témporo-virósico) rechazaban su pedido de forma despectiva sistemáticamente.
Ahí, por ejemplo, se aproximaba un señor de traje, mirando a uno y otro lado, en actitud furtiva y ocultando con su mano derecha la muñeca izquierda. E. Pensó en algo triste, en su último uno en álgebra, y comenzó a llorar. Tanto que las lágrimas casi lo ahogan, mientras el hombre del reloj pulsera pasaba sin poder ser preguntado siquiera; tal vez apenas haya escuchado una gárgara lacrimal.
Pero lo que no viene por un lado, viene por el otro, como dijo un amigo optimista que fue atropellado en una avenida doble mano. Una señora setentona/tista se detuvo al lado de E. para consolarlo: le secó el llanto baboso vertido con el dorso de la mano; lo besó con rouge, brillantina y lengua; y le preguntó:
-¿Qué es lo que pasa, joven?
-¡Quiero saber la hora! -dijo E. respirando un poco más acompasadamente.
-Ay, haber empezado por ahí, ¡es la hora de comer!
Y de un pique corto, la señora corrió al hombre del reloj pulsera, lo tacleó y se lo engulló de una sola vez.
*dos mil dos, sin hora (a-hora).
miércoles, 20 de agosto de 2008
Liniers no inventó nada
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De: Bec Sac
Para: Facuya
Enviado: sábado 5 de febrero de 2000, 15:06
Asunto: secreto
Érase una tarde de 1143, en la que un conejo llamado Sepúlveda se encontró con una serpiente autodenominada Roque.
-¡Pero cómo! -exclamó Sepúlveda-, ¿vos no sos mujer?
-Sí, pero soy una serpiente travestida y perseguida por la logia Lautaro -respondió Roque. ¿Querés entablar una relación conmigo y correr libres por la pradera y viajar de luna de miel a la sabana de Tanganika?
-Sí, quiero -aseveró el animalito de largas orejas sin dudarlo un segundo.
Quién lo hubiera pensado, conocer una serpiente travesti y encima con plata. Realmente era su día de suerte.
-¿Qué esperamos? -dijo Roque con una sonrisa de oreja a oreja (él/ella creía ser como Sepúlveda y tener orejas como para sonreír de una a la otra) y agarrados de la mano (¡...!) se internaron en un frondoso monte. Pero a la vuelta de un árbol los esperaba un ser realmente raro.
-Y tú, ¿qué espécimen eres? -preguntó admirado Sepúlveda.
-Soy una logia y mi nombre es Lautaro. Antes que preguntes lo que me imagino, te digo que soy una logia travestida, y vengo en busca de Roque.
Roque bajó los ojos tristes, suspiró un "Adiós, Sepu" al conejo, y se fue junto a la atenta mirada de Lautaro.
El conejo Sepúlveda, un poco acongojado por el frustrado día de suerte, pensó que la pareja que hacían Roque y Lautaro era realmente rara, pero bué. Y también pensó en qué tendría Lautaro que él no tuviera. Por lo pronto, decidió travestirse. La liebre Sepúlveda siguió su búsqueda de un día de suerte por las praderas neerlandesas por el resto de su vida... (Fragmento de "Una triste historia medieval", de autor medieval desconocido).
miércoles, 13 de agosto de 2008
Carretera perdida

En cada viaje que se emprende uno se muere un poco. Es que cada traslación corpórea implica otras tantas, más movilizantes aún, y ya nada vuelve a ser como antes. Cada viaje fuera del ámbito sedentario es como una suspensión de la realidad, de la acostumbrada realidad, y una inmersión en un océano de extrañezas, como una transportación dimensional.
Los trayectos sin itinerario son como puntos de fuga que se escapan de la lógica, del esquema, del control, muchas veces de la razón, más allá de que se siga un camino ya trazado o una huella tímida de algún viejo adelantazgo. Muchas veces los diarios de viaje intentan apalabrar e iluminar un poco esas travesías para reconocerse en ellos y no perder la propia historia en la inmensidad de los confines.
Foto de alguna puerta dimensional en la ruta que atraviesa las Salinas de Ambargasta, Santiago del Estero. Pero seguramente, otro lugar.
martes, 5 de agosto de 2008
Bicentenario poético

viernes, 25 de julio de 2008
Naïf 4 / Romanticismo evolucionista: Placodermo
Letra de Luc, música de Fede.
Placodermo
Estropeo toda idea de inundar
Mi submundo de ríos de aire
Reconozco en tus párpados el mar
Clausurando una mirada que naufraga
Me calcino si no soplo mi temor
De incubar un sueño en la superficie
Aguantando el peso inverso
De una corriente recitada en verso
¿Tenés ganas de hablar del futuro?
Si el líquido nos rodea
Si el abismo está muy cerca
Esperáme en la playa
No creo que me sumerja
Puede ser
Aún soy un pez...
Mi existencia pende de un instante
Albedrío en una jaula gigante
Que rocía mis huesos descartables
De un destino de monstruo insuperable
¿No te sentís un placodermo?
La ciudad está inmersa,
La lluvia nos clava sus aguijones,
Las aves se posan en los nubarrones,
El agua está en todas partes,
Los versos son trece y el día es martes
Espero poder encontrarte
Porque me ahogo de ilusión
Y sólo me queda inventarte
Puede ser
Aún soy un pez...
Julio 2001
lunes, 21 de julio de 2008
Anales (ejem)
A: Irene Sola
Fecha: Martes, Febrero 17, 2004 1:36
Asunto: Anales (ejem)
Atilio Rosetti y Flía.
Resumen de Hipótesis (demostrada de suyo) de Doctorado:
"Se me hace que los ídolos tallados en terracota encontrados debajo de la zona del microcentro citadino o "city" (donde tanto tiempo se hospedó cual feto nuestro querido Beto), cuyos lomos poseen símbolos pintados con una tinta extraña (que en otro apartado traduciremos), son los que confirman que en Beto empezó todo, digamos que fue la cuna del big bang. Los análisis alquímicos y astrolábicos dan cuenta de que esos muñequitos simpáticos fueron hechos antes de que la tierra fuera mundo y de que el espacio fuera ciber. Esto también nos permitiría afirmar (a mí y a mi familia, en cuyo nombre hablo y vivo (en vivo, nada de diferidos ni de pagos extras)) que el agnosticismo existe.
Y no sólo eso, es lo único que existe. Es decir, que los salmos traducidos formarían parte del "libro gordo de Beto", por llamarlo de alguna manera, que es unívoco, ni viejo ni nuevo, y relata la fundación de la existencia, escrita de puño y letra por el propio agnosticismo. O sea, que el agnosticismo es el creador de todo, aun de Beto, es el infinito Uno que rige nuestros hilos desariadnados, nuestras ruedas pinchadas sin fortuna. Y el que diga que el agnosticismo ha perecido, que me lo muestre!!! A ver, que me lleven a su tumba!!! Giles!!! Las conchas de sus hermanas!!!"
Se viene mi entrega de tesina.
Y se viene el Mazo de cartas: como adelanto, un asunto que viene al caso.
martes, 15 de julio de 2008
Naïf 3 / Deconstructivismo destructivista: "Deconstrucción" y "Martillar"

Deconstrucción
Estoy orgulloso de mi catedral
se eleva al cielo y es toda de cal
pero desde abajo no advierto la señal
Yo quiero ser como Le Corbusier
hacer de mí una gárgola de ayer
dictar los pasos de mi vuelo y no caer
Y no te miento
eran malos cimientos
ladrillos al viento
El suelo está más cerca del cielo
para mí
Hasta que no exista
miércoles, 9 de julio de 2008
Naïf 2 / Un día peronista

domingo, 6 de julio de 2008
Reabrió El Mojón Pub

lunes, 30 de junio de 2008
El límite de las palabras
Allí, en la calle, el frío obliga a los transeúntes a subir sus abrigos hasta el mentón, mientras se esfuman detrás del vidrio empañado. Caen innumerables e invisibles sonoras gotas. Ninguno de los dos puede cortar el hilo de mudez temporal que los une y el ventanal ya no deja ver del otro lado.
El hombre cierra los ojos y con un dedo dibuja un cursi "te odio" en el vidrio que condensa los vapores del bar. La mujer lee con un gesto abatido, pero luego de un instante se levanta de la silla, agarra la mesa por sus patas y la arroja contra el vidrio. Los millones de fragmentos se confunden con las millones de gotas y con los millones de pensamientos, en un óleo aquelarre. La mujer, aliviada, atraviesa hábilmente el ventanal por el agujero sin temor a cortarse y mira al hombre.
–A la noche, en mi casa– ¿le dice?
viernes, 27 de junio de 2008
¿Y si armamos la Carpa Loca*?

Después de la carpa blanca, la celeste, la verde y la roja, no estaría mal armar la Carpa Loca, con tiros, líos y cosa golda, ea ea pepé y pepé pepé pepé. Como el espectro visible de colores para decorar las instalaciones ya está cubierto, podríamos preguntarle a Lovecraft cómo era el color que cayó del cielo.
Si una de las carpas que hay en Congreso es para "militantes", otra para "la gente" y otra para "la tercera posición", ésta podría ser para la caravana frikosa (o sea, incluiría a los tres sectores sociales mencionados). En fin, que sea la sede de las fiestas bacanales-saturnalias-dionisíacas. Allí podríamos revivir la Carpa del Amor con el elenco de la foto, organizar una lucha de catch entre el Gauchito Gil y el Compadrito Grosso y un contrapunto entre un payador y un milonguero. Y si alguien se quema con un fósforo echarle la culpa a una molotov arrojada por Bombita Rodríguez.
*Desvariado homenaje a la legendaria "carpaló", concebida por un grupo de adolescentes desbocados en un campamento en Junín, en los turcos años noventa.
lunes, 23 de junio de 2008
delta
y las agujas
agujerean a machetazos desorientados
desoccidentados
los límites,
allanan y estallan
las matas circunvaladas
de las burbrújulas.
arañan un áspero destino
sin márgenes en sus flancos
sucumbido de presencias.
el fluído tiempo torrente
en un beso barroso
roza el cauce de su dura boca
y dura
hasta la desembocadura,
donde el aliento neblinoso oculta
la tierra aislada
de su oleado horizonte.
el caudal se despereza,
se ensancha y aflora
en la eterna infinita anónima
multitud acuática.
la tierra comienza a girar.
y el péndulo se balancea.
martes, 17 de junio de 2008
El Niño Unidimensional
Herbert Marcuse, quien fuera integrante de la Escuela de Frankfurt, señalaba en El hombre unidimensional que éste era consecuencia, entre otras cosas, de la institucionaliza–ción de un lenguaje técnico acrítico y antidialéctico.
Una muestra de esa operacionalización del lenguaje está dada por las abreviaturas o siglas (como ONU, OTAN, etc.), las cuales, según el autor alemán, además de bombardearse mayormente desde los grandes medios de comunicación, son artificios de la razón y denotan lo institucionalizado.
Días atrás me topé con mi cuaderno de Arte de 5° grado. Allí nos daban una consigna que debíamos completar con una frase y un dibujo: "¿Qué es para vos el arte?". No sé si ya en esos años mozos estaría comenzando a internalizar el mundo unidimensional, impuesto por una sociedad que cierra el universo del discurso, pero creo que como humorada tomé a la palabra "arte" como abreviatura. La cuestión es que, para mi tranquilidad actual, luego de las siglas acudió como tromba el surrealismo para, aunque sea, darle un matiz crítico a la respuesta. Porque el surrealismo no sólo supera a la realidad, sino que a veces incluso ésta busca imitar a aquel: "El arte para mi es: Asociación Rural Tenebrosa Elemental".
Lejos de ser una profecía, porque el A.R.T.E. en nuestra historia siempre se refirió a lo mismo, comparto esta impresión que, creo, sigue vigente (y encima en el dibujo aparecen cuatro artistas enlazados en una mesa rural...).
domingo, 15 de junio de 2008
Dialéctica de los sexos
El asfalto, negro como de costumbre, intensificaba el calor reverberado en el humor de muchas de las personas que caminaban por el Centro. Aunque no estaba en el Centro: era sólo un pensamiento de borracho de La Boca, que imaginaba sol, gente, mal humor y Centro. En última instancia, sí estaba acertado con respecto a lo del verano.
El hombre, tan antropocéntrico, se balanceaba y tropezaba con lo que se le interpusiera en su andar; sudaba excesivamente, como si fuera un acto compulsivo y logrado por la propia voluntad. Sin embargo, se sentía como una obra de arte, todo decorado de sudor y vómito. No cualquiera. No, che.
Las calles se abrían frente a él sin darse a conocer, evasivas y cobardes, quizás por capricho, pero su memoria inercial le permitía guiarse hacia el bar donde debía encontrarse con la muchacha que acababa de conocer en un laberinto de espejos –oxidados por la eterna labor de reflejar la realidad– del parque de diversiones barrial. De todas formas, su mente (simplificadora a esa altura del partido) no se molestó en hacer toda esa madeja de relaciones y se limitó a pensar únicamente en la mujer. Tanto se limitó que, en un momento, sólo supo que se trataba de una mujer que podía ser cualquiera. Había olvidado completamente su cara, borroneada en su mente por el poco tiempo que había empleado en registrarla rasgo a rasgo. Y era usual el olvido cuando conocía a alguien que se transformaba en el monotema de sus pensamientos. Cuanto más buscaba en sus recuerdos el rostro, más se desdibujaba. Al fin y al cabo, no le había atraído la cara de la mujer, qué va, más bien el dolor punzante de los brillosos ojos clavados en los suyos. Se habían cruzado en la estrechez de uno de los pasillos del laberinto y se habían sostenido la mirada pesadamente, sin animarse a desviar la una de la otra, como si hacerlo hubiera significado la misma muerte. Y en aquel momento, sin intercambiar nombres ni deseos (¿ni palabras?), pero con una mirada de aleación cárnica, quedaron en encontrarse en el bar...
Se detuvo abruptamente y apoyó la espalda contra la pared, exhausto. Respiraba ansioso para aliviar la agitación de las tantas subidas y bajadas de las veredas boquenses. Escalones para subir a la vereda y escalones para bajar a la vereda. Veredas a prueba de inundaciones, tan típicas en el barrio. Eso, deseaba que lloviera y se inundara todo, total... Habría islas de baldosas donde hacer la gran Robinson, y encontrar a la mujer haciendo señales de vapor. Con tanto calor… Tenía tanto calor que anhelaba poder desabotonarse la piel del pecho para que el oxígeno eludiera el difícil camino de fosas nasales, tráquea, pleura, alvéolo.
Todo su alrededor se resumía en La Boca, y la sentía suya; a punto de expulsar sus tripas por ella y hacia ella. Le importaba muy poco que alguien lo mirara con asco. “Mírenme, soy una obra de arte”. O que alguien le pidiera la hora... Por favor... No estaba para favores, y así siguió el camino irracional en busca de la mujer. Arrastrando los pies gastados recorrió algunas cuadras tomándose algún recreo de obligado cuando lo sorprendía una arcada.
–Arcadas son las de Paseo Colón– farfulló, pero ése era otro barrio y no le incumbía. Aunque la palabra “barrio” también le era ajena y ya no recordaba en cuál de ellos se encontraba y, peor aún, tampoco dónde tenía que encontrarse con la mujer.
Sus ojos hinchados de alcohol reflejaban otro mundo del que le costaba ser consciente. Tal vez fuera la muestra de lo que estaba viendo en sueños, aunque su mente, otrora racional, le decía que no se dejara convencer por las suposiciones del demiurgo, que tantas explicaciones sin fundamentos hace.
Continuó su marcha fatigada, ahora con la cabeza gacha, comprendiendo su entorno y su centro cada vez menos. Había olvidado qué era lo que lo había llevado a esa situación de sopor, en la que un haz de lucidez le permitía recordar que se trataba de la búsqueda de alguien o algo que ya había enterrado en otro estrato de entendimiento, muy profundo, perdido en el abismo de los mares violentos y etílicos. Esta tendencia se agudizó con cada paso que dio (cada vez más indecisos) por ignotos callejones, hasta que llegó lo inevitable (aunque, según su mente estructural, hubiera sido lo lógico) y el olvido, extendiéndose como una mancha oleosa, borró hasta las nociones que tenía sobre su mismísima persona, mientras caía al piso sin ofrecer resistencia al duro choque.
¿Quién sabe qué sentiría? La omniscencia de un narrador podría haberlo expresado, pero se trataba de una sensación, o quizás de un vacío completo (¿como la muerte?), que excedía los límites de percepción de cualquier ente o deidad.
La mujer se levantó con un fuerte dolor en sus piernas, sintiendo pena por sí misma al descubrirse tirada en un piso meado por los gatos de La Boca y, luego de recordar la inminente cita, se sacudió la pollera llena de mugre. Miró su reloj, ya recompuesta, y estudió los números de las chapas de las casas, intentando reconocer su ubicación. Una vez que logró situarse caminó, ya decidida, hacia el bar donde debía encontrarse con el hombre que, hacía un rato, había conocido en un laberinto de espejos.
febrero 2001
lunes, 9 de junio de 2008
Naïf (1) / "Les colombes"
Una noche del verano de 2001, en San Telmo, Agus y Lean (anteriores compañeros de banda en Ojos de Perro Azul) le dijeron a Luc de armar una banda "para hacer temas onda Pearl Jam" sin covers, ya con el OK de Fede. Y así comenzó y devino el camino de romper la cáscara adolescente a través de la música y, en un mismo nivel, de las letras. El eclecticismo fue la característica principal de Naïf. Sus influencias no se limitaron a la banda grunge de Seattle, sino que por la pretensión pseudointelectualista-de-postal de sus integrantes también percutieron en las composiciones: Radiohead, el noise, Eduardo Mateo, los beatniks, Led Zeppelin, el surrealismo, Sonic Youth, el deconstructivismo, Chico Buarque, la música aleatoria de Varese, el minimalismo, Goran Bregovic y el peronismo. Claro que difícilmente haya alcanzado una síntesis de todo lo antedicho. Es más, todo quedó en una hipótesis sin demostración ni mostración, ya que no sólo no hubo grabaciones (salvo algún ensayo perdido o los audios póstumos), sino que tampoco hubo más que un recital en vivo junto a Doris, que quedará para otra entrega.
El primer tema de la banda fue "Un día peronista", con letra, música, dibujos y coda de Lean y Luc. Pero en esta primera entrega reproducimos la letra de "Les colombes" o "Las palomas", ya que nombra -pero oh, paradoja nominal, a la vez lo niega- al recientemente fa-re(tucumano)-si-do Yves Saint-Laurent (por la traducción de su apellido a un glorioso equipo de fútbol), así que acá va a modo de anti-homenaje. La música vio la luz primero, compuesta por Lean, acompañado de su computadora. Tenía un ritmo balcánico unza-unza con una orquestación digna de -valga el autobombo- "Construção" o "Meu caro amigo", pero que por falta de instrumentos y, seguramente de pericia, nunca llegó a ejecutarse. La letra vino después, y a sugerencia del autor debía ser en francés (tal vez haya sido una incipiente muestra de imperialismo francófono que finalmente no prosperó), por lo que Luc se encargó de escribir una en franceñol, en la que las palomas y el infeliz que narra son protagonistas. También son de la partida el cantante Nicolas Legrand, famoso por aparecer en un libro de textos, y una amiga del narrador, que lo traiciona con el célebre músico. Los arreglos del tema manifestaban los estados de ánimo de la primera persona: tensión cuando se enfrenta a las ratas aladas, tristeza cuando su amiga lo deja de pava y mate en su casa. En la última estrofa, el narrador parece ver consumada su venganza con una metáfora colombicida.
Les colombes
Nicolas Legrand c'est un chanteur
Il habite dans la Rue Pasteur
Il aime la vie et les colombes
Que fortuné!!
Je voudrais son elegant chapeau
Il est rouge avec un peu de bleu
Je crois qu'il est de Saint Laurent
(Mais pas d'Yves)
Valerie Dupont est mon amie
Nous dançons le tango tous les nuits
mais elle ne peut pas alleé aujord'hui
c'est le destin
Elle préfere aller au festival
Ou chanterá Nicolas Legrand
Je me resterai trés seul chez moi
Une dinde et un mate
Les Colombes volent sûr mon être
elles rient et chient sûr ma tête
Je suis decouvert sans le chapeau
Que malheurueux!!
Hier nuit je suis allé au restaurant
J'ai mangé colombe á la moutard
En eccoutant Nicolas Legrand
Merçi Garçon!!
miércoles, 28 de mayo de 2008
domingo, 25 de mayo de 2008
Sueño de una noche de otoño
Dos soles que convergen en un mismo plano, o el mismo sol que se ha encontrado consigo mismo por un capricho del tiempo.
Cuánto sueño que tenía. Sin embargo, estaba por despertar.
martes, 20 de mayo de 2008
Nostalgias del Altiplano
miércoles, 14 de mayo de 2008
A mis veintisépticos
La decadencia de los veinte sobreviene, se huele la podredumbre de la belle époque, de los años locos. Veintisépticos. El corega y el bisoñé se acercan a la cotidianeidad. Y ahí están mirando desde el Olimpo Jim, Janis, Jimmy y Kurt (bué, y Rodrigo también) con un já atragantado por el humo.
Pero algo de esperanza queda para la década infame de los treinta que comienza a despuntar. Por un lado, en el que pesa la actitud, hay que dejar de festejar el día del cumpleaños y volver a las fiestas bacanales, que duraban muchos días. Y por otro lado, si apartamos los números arábigos y acudimos a los romanos, otra vez con el guiño de Baco, la cuestión puede resultar menos cuestionable. Así, en vez de 30, en tres años cumpliría XXX. Tal vez la cosa se ponga un poquito más porno.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Amanecer de novela
–¿Hola?– inquirió queriendo simular que estaba despierto.
–Disculpe, estaba durmiendo... Le habla Genaro.
–No, no– se apresuró a decir sin terminar de recuperarse del sueño–, la siesta, la siesta...
"La siesta" con voz adormilada y con gusto a resaca mientras observaba que el reloj despertador iluminaba con sus números rojos las seis y cero uno de la mañana.
–Entiendo, la siesta– se escuchó la voz del otro lado en primer plano, con un fondo de guitarra eléctrica desfondada y un delay fuera de foco–. Bueno, no quiero adelantarle nada, véngase nomás para mi departamento.
–Sí, sí...– repitió mientras cabeceaba el tubo y notó con los últimos fulgores de la vigilia el cortante clickeo de la comunicación, sin saludos, nada, un beso, un abrazo, un saludo... ¿Genaro?
Se despertó de un sobresalto, sin recordar el sueño y con la boca enturbiada por la noche etílica. Permaneció sentado en la cama un instante, con la vista fija en la persiana baja, a través de cuyas hendijas amanecía un mediodía nuboso y con probables lluvias por la tarde. "Indicios... Indicios...". La realidad le cayó como una bofetada cuando primero vio el pelo enmarañado de Emilia sobre la misma almohada, y luego el póster de Dalí de la casa de Eduardo, tan parecida a la suya, pero con teléfono. Y con póster de Dalí.
Echó un vistazo al teléfono y su mirada se ahuecó, como vencida por un pensamiento, casi tan violento como la realidad, que lo abstrajo.
–Me duele la cabeza y va a llover– creyó decir y se levantó de un salto, pero cayó de inmediato sobre un sillón puesto para la ocasión, sorprendido por un mareo de esos que anuncian el desmayo inminente con una aplastante presión sobre los sentidos.
La luz del día llegaba filtrada por los densos nubarrones y la persiana entrecerrada; y el cuarto, sumido en esa tímida claridad borrosa, se movía de abajo hacia arriba acompañando cada pestañeo de sus ojos.
Bostezó de mala gana, queriendo impedirlo, concentrado en establecer algún tipo de contacto con su memoria y dar con esa noción latente que lo estaba molestando. Su sueño había sido interrumpido en la mitad de la mañana. "Pero la puta, cómo me duele el bocho", pensó cerrando con furia los ojos.
Lo interrumpió el teléfono –ahora interrumpió su vigilia y lo miró más inexpresivamente que antes. Sonaba tan fuerte que se tapó los oídos mirando con los ojos cerrados hacia el piso de madera. ¿Y Emilia? ¿Por qué no escuchaba el teléfono? Levantó la cabeza y observó su cabello desordenado en el extremo de la cama. El contestador emitió un quejido repentino y los timbres cesaron. César temió lo peor cuando advirtió la excesiva quietud de Emilia. El contestador dejó escapar la señal que daba paso al mensaje (si es que el o la muy cobarde se animaría a dejarlo). César se levantó del sillón decidido, reprimiendo sus náuseas, y se tiró sobre Emilia para hacerla reaccionar. Pero su peso torpe se encontró con un cuerpo ausente: su aparente cabello no era más que un tapado de piel viejo y en desuso de algún mamífero, y vaya uno a saber cómo había ido a parar ahí, a mamar y taparse de esas sábanas.
–Le habla Genaro –dijo el contestador–, todavía lo estoy esperando. No crea que es algo urgente pero bueno, en fin, usted sabe cómo se manejan estas cosas.
Se escuchó a continuación el tono entrecortado de la línea y volvió a sonar el piiiip del aparato que señalaba el final del mensaje. César se apartó del tapado, que había sostenido entre sus manos sin entender nada de lo que sucedía en torno, y salió corriendo en un zig-zag vertiginoso hacia el baño, tumbando todo lo que había a su paso. Cuando atravesaba la puerta chocó su brazo contra el marco y vomitó antes de llegar al inodoro.
domingo, 4 de mayo de 2008
Esquirla de novela (Parte nuestro)
Hay gritos que circundan el cielo y nos amenazan con uno o más inminentes picotazos de aturdimiento. Quizás necesitemos paraguas, o auriculares capaces de neutralizarlos. Auriculares que reproduzcan silencio, y así no escuchar nada de lo que baje del cielo circundado por gritos y circuncidado por aleteos de guadañas.
Hace falta algo. De eso estamos seguros. La carencia es lo único que no nos hace falta. Ah, tampoco queremos nada que se asemeje a Nosotros, para eso estamos Nosotros.
El otro día no, el anterior, nos caímos en un pozo con fondo. Y acá estamos, todavía en el fondo, pero pisando suelo firme. Cada tanto uno calla y quiebra el silencio, entonces se avecina el amanecer del otro día.
Faltan muchos espejos ante los cuales rendirse. Queremos sentirnos dominadores del reflejo, vernos arrodillados ante Nosotros, suplicantes, serviles. Faltan muchos espejos.
Si mal no recordamos, el río se evaporó sin resistencia, acosado por enormes soles y por millones de fuegos fatuos de fantasmas en pena de otros ríos evaporados. Si bien olvidamos, mejor.
Siempre nos ponemos adelante del obstáculo, cosa de no dejarlo pasar. Eventualmente, pasa y nos echamos a dormir. Eventualmente, no pasa y el tiempo se detiene. Pero la mayoría de las veces, el obstáculo nos detiene el sueño y nos echa del tiempo.
jueves, 1 de mayo de 2008
Insomnolescencia
y se quiebra como el hielo
Algo que cruje como un ruego
de madera noctambular
Crujido crepitar,
fuego blanco
fatuas lenguas
acarician mi paladar
Crujido trepidar,
apareado en la sublingua
Frescor agobiante
Lunar sofocante
Trepanar de sueños empastados
cubiertos de níveo moho
Lupanar lobezno
de sensaciones
aullidas, ilusorias,
ambiguas, estertóreas
Como el hielo cubrecama
que abriga mi lengua somnolienta
y entre sueños entredice
bostezos de palabras insomnes
Invierno y fuego
Infierno y ruego

