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viernes, 7 de diciembre de 2012

Reflexiones insomnes



¿Me puedo morir de insomnio? Es una idea que me ronda precisamente cuando estoy dando vueltas en la cama sin conciliar el sueño. El insomnio desdibuja los límites y a la vez te hace pensar en cómo será esa frontera inalcanzable, ese horizonte sin aduana, como el telón negro pintado de estrellas que, cuando era chico, pensaba que había en el confín del espacio. Y ahora también lo pienso, por qué no. El insomnio es eso, el pensamiento triturando toda chance de relajo, una idea que de tan intensa nos retrotrae al desvelo. Tal vez me transforme en zombie, en insomne-vivo o muerto-insomne, y me ponga a buscar cerebros que almorzar, a intentar hincarle el diente a sueños ajenos entreverados en alguna circunvolución del seso de turno. Alimentarme de sueños para dormir podría ser el camino para minar la vigilia. Pero ni idea dónde habita el sueño; ni si el canibalismo me va a devolver la somnolencia. La saliva se agolpa en mi boca, no sé si de tentación o vuelco inminente.

viernes, 1 de abril de 2011

Puerta de Ayacucho (de sofistas y rockeros)


¿Qué fue primero, la puerta o el muro?

Mirá, tengo entendido que los Doors son previos a The Wall.

Se quedaron sin ladrillos.

Moraleja moralista: con una banda y un disco te hacés una casa.

Uno de los dos espacios que divide una puerta tendría que estar techado, si no entrás afuera.

Toda banda tiene su techo. Se muere Morrison, se va Waters.

Toc toc, riiiing.

Waiting for the worms.

Una señorita ultrajada que sepa abrir la puerta para ir al baldío.

No hace falta una puerta en un muro; basta con asomarse por arriba, como el pelado de Sumo.

¿Una puerta puede ser más alta que un muro?

Is there anybody out there?

Si el muro divide una frontera, seguro: lo complejo es atravesarla.

Si estás entre la espada y la pared, la puerta es el escape.

La puerta es una metáfora, boludo; una metáfora de sí misma.

Claro, una sobra, un exceso.

Un ex-seso

lunes, 28 de febrero de 2011

Tetrálogo oído al pasar

Conversación sobre la novela Mazo de cartas (Santiago Arcos, 2010), de Luciano Beccaria y Facundo Ruiz / Irene Sola. Por Marta Sacco.

 
¿Cómo les resultó escribir una novela de a tres?

FR: Por momentos, como un mènage á trois: literalmente, nada de figurados. Pero por otro lado, con Irene ya somos dos mancos que nos habituamos tocar el mismo piano al mismo tiempo, así que la experiencia tuvo su atractivo jazzero: extensa noche de improvisación.

LB: Como un tercero en concordia. Aunque la multiplicidad de voces y personajes que hacen del Mazo de cartas una especie de polílogo exterior intermediado me hace dudar sobre el hecho de que hayamos sido sólo tres.

IS: Como si te levantaras de la silla para ir al baño, y al volver, encontraras la novela avanzada y la silla vacía.

¿Cómo y cuándo comienza a escribirse esta “novela en acción”?

FR: Las fechas de la novela están tal cual: como si allí estuviera el diario o calendario de escritura. En algún momento, recuerdo haber imaginado que eso, esas fechas ahí, daban al formato virtual algo de la textura del papel.

LB: Comenzó como una “real” necesidad de comunicarnos por mail, con un plus de pretenciosa retórica críptica y lúdica, que después derivó casi como por inercia en el resto. Podría pensarse que debido a este origen y sus sedimentos del mundo vivido, sumado a las fechas que ubican a cada mail en el tiempo, se trata de un libro de non-fiction; pero no, ni allí.

¿Cómo empezó a barajarse el mazo: qué estaba aconteciendo aquí?

LB: Cuando pasaron los meses y había un par de textos desordenados pero con una aparente conexión, nos propusimos planificar un archivo de cartas a escribirse en tres tomos, con un tiempo determinado para cada uno. Pero con cada carta escrita el mazo se mezcló todavía más.

FR: El mazo fue posterior a las cartas. Como el pino y el bosque, quizás. Amontonamos cartas en plan de escribir, al principio, muchas de las cosas que se nos ocurrían juntos o por teléfono o viajando. Tendíamos a armar digresiones absurdísimas con cierta seriedad y a suponer cualquier cosa partiendo de cualquier otra hasta la risa.

IS: Pero un día el bosque nos tapó el pino, o lo deshizo entre tantas otras hojas. Aunque, si uno miraba con atención, había senderos, recorridos, claros. Ahí estaba la cosa: ¿cuál exactamente? Ése era el primer punto: elegir un recorrido. Y luego otro y otro y otro. ¡Y pum!: novela.

¿Cuándo se dan cuenta que estaban escribiendo una novela?

LB: En un sueño que tuve. Me lo dijo una gitana.

IS: El cuento de la Buena Pipa o el del huevo y la gallina ilustran la respuesta, si lo ya dicho no alcanzara…

¿Beto y el capitán (de Spinetta) es pura coincidencia?

FR: Creo que sí. Pero hay días de tormenta y rayos donde pienso exactamente lo contrario: no creo que no.

LB: Beto es todo. Y como tal puede referir a todo, a nada o ser pura co-incidencia consigo mismo. Pero, según creo, se relaciona con una leyenda sobre un hombre sin cabeza que se pasea patinando por los alambres de púa de San Antonio de Areco y Capilla del Señor.

¿Hay alguna pregunta que quisieran responder?

IS: Ésta.

LB: La próxima.

¿Cómo recomendarían la lectura de Mazo de cartas?

IS: Prefiero no recomendarme, es de un yoísmo empalagoso, redundante, tautológico, y realmente muy poco recomendable. 

LB: (Tenía muchas ganas de contestar esta pregunta) Mezclar el mazo, sacar una carta e interpretar el futuro; o jugar un solitario. Sí, jugar.

¿Cómo recomendarían la lectura de Mazo de cartas en una faja que sujete el mazo de cartas?

FR: Perdón, pero la idea de las fajas en los libros me da una risa muy sprayette: me imagino una propaganda con demostración y garantía... las fajas también adelgazan los libros.

LB: Un mazo de cartas. Una guerra supuesta. Un país escapista. Dos corresponsales y un mismo objetivo ignoto. Mmmh, no, no vende.

Para una hipotética segunda edición: qué bueno sería una pequeña tirada con el libro dentro de una cajita (¡pacachin!), ¿no? Como las que guardan las cartas de truco...

FR: Sería todo un todo un detalle.

LB: Todo un síntoma de urbanidad.

IS: Sería fantastic.

viernes, 27 de agosto de 2010

Tiempo de gitanos



Las nomenclaturas del escalafón estatal siempre transparentan, además de los tipos de políticas sobre determinada materia que enarbolan los gobiernos, simples y crudas ideologías. No sólo desde la ficción, como el Ministerio de la Verdad de 1984, de Orwell; o el policial Ministerio de la Sustancia del Mazo de Cartas que se avecina. Sino también acá a pasitos: lo que en la Ciudad de Buenos Aires fue el Ministerio de Derechos Humanos y Sociales fue reducido por el macrismo a Subsecretaría; y al Ministerio de Justicia se le agregó el tranquilizante Seguridad.

El caso del Ministerio francés de Inmigración e Identidad Nacional es mucho más elocuente. A falta de un Le Pen, ya no hay guardapolvo blanco para ficcionar un aparejamiento, sino exigencia de eliminar el chador; ya no hay trenes a Auschwitz, sino aviones de alquiler a Bucarest y Sofía. Los afortunados viajeros no son ni Cioran ni Ionesco ni Eliade, que al menos podían presentar cartas de origen amoroso común en una lengua romance como el rumano. El pueblo gitano trasciende la balcanización de las naciones. Ni rumanos ni búlgaros, como los denominan las autoridades francesas para evitar ser tildados de xenófobos; ni mucho menos pasibles de ser afrancesables. Porque la identidad nacional se autoexcluye de la inmigración (un programa Patria Grande, a pesar de sus falencias, aunque sea demuestra una voluntad más integradora, o bien integrable en lo diverso). Del otro lado de las negociaciones del TEG humano, como en un juego alicio de espejos deformantes, dos secretarios de Estado rumanos: uno de Integración de los gitanos y otro de Orden y Seguridad Pública. Son llamativos los cargos y las combinaciones conceptuales que proponen. Pero las pretensiones de homogeneidad se complican con los beduinos del siglo XXI. Por algo existe la solución final de la deportación por deporte. De esa manera, el continente senil prohíbe el nomadismo entre tanta civilización eurolatina asentada sobre chapas y galones de oro bruñido de óxido.

miércoles, 16 de junio de 2010

Himno-sis futbolística

A falta de guerras y bicentenarios, el mundial de fútbol se transforma en el factor más efervescente del nacionalismo; pero sobre todo, del nacionalismo ficticio con el que se nutren países como el nuestro. Porque el Diego es un prócer que, a decir de Alabarces, marcó distintos hitos en lo futbolístico y también, paralelamente, en la construcción identitaria nacional por parte de un Estado históricamente incapaz de imprimir una tónica patriótica en su población. 

El fútbol mundializado no sólo es una herramienta política, sino también, y esto se cae de evidente, uno de los negocios más rentables para empresarios, jeques y ex futbolistas. El fútbol cotiza en bolsa. Tal vez la especulación financiera se trasladó al propio juego 2010, que tan pocos goles nos está regalando hasta ahora (además de la pelota; una de trapo es más dominable). Mucho ruido y pocas nueces. Mucha vuvuzela y poco waka-waka.

Precisamente, el equipo más efectivo por el momento es el que más jugadores nacionalizados tiene: Alemania. De los cuatro goles que hizo (de los pocos hechos por delanteros), dos fueron polacos y uno brasileño. Y esta circunstancia habla de los movimientos migratorios, de las crisis de los paises periféricos y del poder de las grandes potencias para contar con una mejor preparación y una mejor selección elaborada desde sus ligas nacionales, sostenida por grandes empresas-clubes. Es decir, que las nacionalizaciones también son un gran negocio. Messi jugando para la selección de Argentina apenas es una excepción.

Las curiosidades son incontables. Entre las apostillas con las que los periodistas deportivos rellenan el espacio de los programas dedicados al mundial (que es mucho), y que en numerosas ocasiones están vinculadas a cuestiones políticas sobre las naciones que los distintos equipos representan, podemos hacernos cantidad de preguntas. También sobre cuestiones himnóticas.

¿Cuántos chechenos o sud-osetios gritaron los cinco goles que Oleg Salenko le hizo a Camerún en 1994, jugando para la Federación Rusa, reciente descomposición federativa de la Comunidad de Estados Independientes y antes de la U.R.S.S.? ¿Cuántos saharauis revolotearon sus babuchas con el gol del marroquí Krimau a Portugal en 1986? ¿Dónde aprendió el himno paraguayo el hasta hace tres meses argentino Lucas Barrios? ¿Y Santana, que dice no sentirse paraguayo ni de lejos? ¿Cuánto de waka-waka y o-oo-ooh david-bisbaliano hay en el coreo que los hinchas argentinos hacen del himno? ¿Para cuándo el himno dentro del top ten? ¿Para cuándo un trapo con el Diego abrazando a Mariquita Sánchez de Thompson? ¿Por qué un norcoreano llora de emoción con su himno y un surcoreano hace el saludo militar con su mano en visera? ¿La selección de Catalunya o la de Euskadi le haría el ole a la española, plagada de vascos y catalanes?

En fin, qué sentirá Dejan Stankovic, por ejemplo, que se convirtió en el primer jugador en vestir las camisetas de tres países distintos en mundiales: la República Federativa de Yugoslavia en 1998, Serbia y Montenegro en 2006 y Serbia, a secas, ahora en Sudáfrica. ¿Esquizofrenia nacionalista? ¿Internacionalismo unitario? ¿Algún montenegrino cree posible volver a ver a su nación representada en otro mundial? ¿La balcanización llegará a escindir al Monte del Negro?

Posiblemente en las próximas eliminatorias encontremos más atomizaciones. Las selecciones de Flandes y de Valonia se perfilan como las nóveles reemplazantes de una Bélgica vieja y monárquica que también sabe dividir entre pobres y ricos; es decir, entre sur y norte. Hablando de belgas, acá abajo va un acertijo sencillo al respecto, a ver quién se le anima.


Diego contra todos los belgas: ¿cuál es flamenco? ¿cuál es valón?

viernes, 19 de febrero de 2010

∞ infinito ∞

Representar el infinito puede ser una tarea un tanto... ardua. Porque no se trata únicamente de agarrar un ocho (8) y empujarlo para que quede tirado en posición horizontal (∞), imposibilitado de levantarse por sus sinuosas redondeces. Además, fuera de la semejanza formal con el número, el símbolo infinito parece remitir más a la cinta de moebius que al número de Riverito, aunque, según se comenta, ya se utilizaba antes de que don Moebius fuera alemán.

La cuestión es que antes de que la era digital extrapolara los límites de lo finito hacia dimensiones inciertas (por ejemplo, hoy podemos decir que -relativamente; elemental, mi querido Albert- la Internet es infinita; o bien, gruesita), hubo creaciones analógicas que desafiaron las fronteras de lo perceptible. Porque, ¿cuándo terminamos de subsumir un objeto dado?, ¿cuándo terminamos de comprender los múltiples escorzos de un dato exterior que se empecina en su continuidad sin fin aparente?


Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, de The Beatles, además de ser considerado el mejor elepé de la historia del rock por muchos músicos, innovó en varios aspectos del objeto disco. Por ejemplo, es uno de los primeros que incluye un tema fantasma. Fantasma porque no sólo está perdido precedido de un silencio al final del último tema como parte del mismo track, sino que además da miedo realmente. Luego de la orgásmica tensión que generan las cuerdas de A day in the life, hay un silencio y más tarde un tono de alta frecuencia (esos que sirven para ahuyentar perros), al que le siguen ruidos de ambiente, grabaciones al vesre del diablo tipo Xuxa y una frase ininteligible (algo así como never could see any other way) dicha por un niño (recurso que utilizaría en los noventa Pearl Jam en el sublime testamento del grunge: Vitalogy). Esa frase infante y truculenta se repite hasta que el CD termina en fade out. Pero en 1967, cuando ni siquiera había tocadiscos automáticos, el vinilo rebotaba y seguía reproduciendo ad infinitum ese fragmento. La estética se asomaba al infinito aprovechándose de la técnica.


En el ámbito de la literatura, la novela Rayuela, de Julio Cortázar, otra obra archiconocida, también se le animó a la inconmesurabilidad. Toda persona que la haya leído sabe que hay dos formas de acceder al texto, una leyendo los capítulos en continuado del 1 al 56, y otra alternando esos capítulos pincipales con otros complementarios que ramifican aún más la historia. Pero esa forma de leerla, sugerida por el autor, termina con la secuencia de los capítulos 131-58-131, que se inter-remiten. Es decir, que habría que volver indefectiblemente sobre uno (58) y otro (131) sucesivamente para alcanzar la lectura total de la novela. Cortázar, que escribió Rayuela para que se lea de una sola manera, y no de las dos como solemos hacer todos los snobs que caemos en sus garras, tal vez se hubiera regodeado con el siguiente diálogo: ¿Leíste Rayuela? Sí, de las tres maneras. Cómo de las tres maneras, hay dos formas de leerla nomás. No, yo ya la había leído de las dos formas y todavía sigo con la tercera, estoy hace tres años empantanado entre los capítulos 58 y 131, un diálogo medio limado y como monotemático, así, de manicomio, pero bué, regio.

Para concluir este desvarío, que no es infinito, debemos mencionar una herramienta que colabora en el proceso de producción de la bebida que nos convoca, el vino. Se trata del tornillo sinfín, que conduce las uvas a las moledoras, pero no tiene más que una semejanza léxica con el infinito. En fin(ito), hay variadas formas de acercarse o representar el infinito, la eternidad, el punto rojo, los boleros (que se quede el infinito sin estrellas). De hecho, para cerrar una vida lúdica al mango se podría probar con un escalectric. Además de tener la forma ∞, ya debe existir alguno con el trayecto de un solo plano a lo moebius. Habrá que ver quién tiene ganas de jugar a las carreras for ever. Porque experimentar el infinito, al fin y al cabo, también puede resultar muy tedioso.


jueves, 11 de febrero de 2010

Addenda digresiva: el otro monte, el otro video

Una de las disputas más fervorosas que dividen al Río de la Plata es el origen del zorzal Carlitos Gardel. Aunque también dicen por ahí que nació en Francia. Tá, bó, pero hay una persona que necesita de la reivindicación yorugua por haber tenido cuna charrúa deandeveras, a pesar de su nombre y sus vivencias claramente francesas. El conde de Lautremont, el del otro monte. Ése otro monte alusivo desde el cual tal vez Lautremont veía, o más bien imaginaba a Maldoror revolcarse con los cazones rioplatenses. Ese monte que en Montevideo todos llaman Cerro. Entonces.

En Montevideo hay poetas. Y además tienen la posibilidad de ponerle nombres a sus botijas a piacere y sin restricciones. Si no ver los casos de, por ejemplo, Peñarol Uno Nacional Cero González; o el de Anauhiram Quintana. En fin, cuestión que tal vez podrían actualizarse algunos nombres de lugares también. Más precisamente el de la capital cisplatina. Si todo el mundo le dice cerro al monte y Uruguay tiene un balneario que se llama Solymar, la ciudad tranquilamente podría abandonar las referencias del latín y uruguayizarse: Cerrovista, ¿no? Cuestiones de la toponimia o de la nimiedad del topo. Y bué, al conde maldito y surrealista lo rebautizaríamos de Lautrecolline. Y si no le gusta que vuelva del averno y nos lance contra la cúpula del Palacio Salvo y todos contentos y estrellados.


lunes, 18 de enero de 2010

Publicidad engañosa



Esta publicidad de las heladeras Polaris la veo desde que hago uso indebido de la razón. Está ubicada en la esquina de Belgrano y Perú, en cuya manzana casi de las luces viví toda mi infancia.

El otro día pasé por esa esquina luego de mucho tiempo y tal vez por la nostalgia, la efectividad de la interpelación publicitaria o la urgencia de cambiar la heladera, me propuse consumir Polaris. Aunque puede que la peli Solaris de Tarkovsky haya agitado mi inconsciente con su parecido nominal y temático: la imagen del polo norte terráqueo discurriendo frescor o dominio telepático hacia el aparato (¿o simplemente es la tierra condenada a morir en la heladera eléctrica?, uf, éste es un caso para la gestalt) es al menos análogo con el océano interplanetario Solaris, que goza de un poder de conciencia sobre los piantados tripulantes de la estación espacial soviética.

La cosa es que doblé decidido la esquina por Perú y a mitad de cuadra no había más que un portón cerrado y con cara metálica de pocos amigos. Para sacarme las dudas probé llamar al 23-3915, a ese tal Quijano, pero Telecom me informó que la característica marcada era "inexistente". Con lo cual, o la señorita Telecom niega la realidad, o está en cualquiera por el zogaca de la estatización, o bien yo veo cualquier cosa. Imaginate, supuse misterios de todo tipo: tal vez sólo yo podía ver el anuncio y, como Solaris, me ganaba la conciencia pidiendo que consuma, consuma, consuma. En fin, mi hipótesis quedó rebatida cuando le saqué la foto y me enteré que el dibu era patrimonio histórico de la ciudad bonaérea. Pero claro, ¡si estás pintado! Aunque, tal vez... el cartel y Quijano están intentando comunicarse desde el pasado para anunciarnos una nueva glaciación y ahí andá cazando la tricota. Y a propósito de Quijano, ¿no será el vice de Perón, el más tapado de todos, que con lo de Cleto se avivó y viene a inventar el quijanismo? No hay caso, la quijada siempre secundó a la pera.

jueves, 14 de enero de 2010

ché rondamón



Los tablones que rodean el Centro Cultural Gral. San Martín nos regalan una obra de arte con firma del artista colectivo Partido Comunista, que hasta tiene el buen tino de avisarnos que allí, en la esquina de Sarmiento y Paraná, hay una obra.

Lo curioso es que el ícono inconfundible del Ché Guevara, con su gorra estrellada y su melena leonina, parece contener el rostro de Don Ramón, alias rondamón, el personaje boludeado pero querible del Chavo. Es poco probable que se trate de un stencil jocoso. Muy por el contrario, además de demostrar que estamos en una época de Chés flacos, lo que  pareciera connotar este graffiti es una posible y silenciosa trotskización del PC a través de las técnicas estéticas. ¿Cómo? Es evidente, las influencias del muralismo mexicano de Diego Rivera, tan iconista como trotskista, están haciendo de las suyas en las filas del Partido. Este Ché rondamonizado es apenas una etapa del proceso que encontrará muy pronto a don León enaltecido con los accesorios guevaristas. Todo cierra.

martes, 22 de diciembre de 2009

La posse del muertito contento


En un viejo posteo manifestamos la base surrealista en la percepción y en la expresión de todo niño y niña, la cual se va diluyendo a medida que la escuela ejerce su función normalizadora. Pero siempre quedan restos inmaculados de limadura naïf generando ruidos.

Los programas pedagógicos sobre historia, como toda historia, son construcciones de la realidad con intenciones ideológicas (del catálogo de la carrera de Ciencias de la Comunicación). Bartolomé Mitre fue uno de los ideólogos de los mitos de la historia argentina (mucho antes que Pigna), plasmados en grandes relatos que ensalzaban a próceres como San Martín y Belgrano puros, monógamos, machos y carentes de vicios.

Pero siempre, aun antes de la publicación de las obras mitristas, e incluso en la actualidad, existe una manera particular de contar la historia. Por ejemplo, en el reciente libro publicado por el Archivo Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, La Educación Pública. Del Municipio a la Nación (1857-1886), una recopilación de archivos realizada por el sociólogo Federico Basualdo, encontramos una carta del director de Escuelas del Municipio, Marcos Sastre, fechada en 1871, donde presenta el programa y el reglamento para las escuelas municipales. Allí podemos leer sobre la historia argentina, dijo, arjentina:

"6. Historia Arjentina [del primer grado]: las invasiones inglesas; revolución del año 10; proclamación de la Independencia en Tucumán; rasgos biográficos de Belgrano, San Martín y Rivadavia, con relación á los hechos históricos; Dictadura de Rosas, cruzada de Montecaseros." (Subrayado nuestro, no hay nada inintencional).

Con la consolidación del Estado-Nación argentino, el dispositivo escolar, reforzado por la Billiken, reprodujo el mito mitrista sobre San Martín durante muchos años, con algunas variaciones según el momento histórico, cincelando nuestro cerebrito virgen como si fuéramos militantes universitarios de cassette, para después reproducirlo en hojas canson perdidas porái. De hecho, todavía en la década del ochenta post-dictadura, la versión del sargento Cabral seguía haciendo mella.

Según lo hallado por este servidor en un block de uso propio de 1987, año del primer grado -y más allá de los atisbos poéticos rupturistas-, así nos dejaba la escuela:

Jose de San martin

La hoja del arbol mas lindo del mundo. nos apasiona a los argentinos como a los chilenos que es nuestro vecino. San martin creo el cuerpo granaderos a caballo. pero el problema de San martin fue que cuando callo del caballo y el caballo le aplasto las piernas a el justito venia un ingles y vino el gral. cabral tira el tiro el ingles y murio gral. cabral

muchas gracias al gral. cabral que le salvo la vida a San martin.

Terrible. Se dice que Cabral, al morir, en realidad dijo: "Muero contento porque los niños del primer año escolar me van a idolatrar como al mismísimo general don José". Pero claro, tampoco se puede subestimar la capacidad crítica que todo niño y niña ejerce, por más mínima o basada en el surrealismo naïf que sea.

Y además de los mitos históricos en los programas pedagógicos, tenemos que también el bartolo de Mitre se guardó de dejarnos una tribuna de doctrina periodística. Una doctrina que en 2009 levanta casi los mismos preceptos que el año de su fundación en 1870, así de lata. Desde el diario La Nación el nuevo ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires nos adoctrinó sobre temas de seguridad. Y quienes dijeron que la una no tiene que ver con la otra para defender los disparates de Abel Posse, no tienen un mínimo de capacidad relacional. Porque la ecuación no sólo se da por el lado de que la inseguridad se combate con más educación. Desde su propia gestión en Educación deberá lidiar con temas de seguridad. Hace quince años las escuelas no tenían seguridad en la entrada. Y hoy, uno de los reclamos docentes y de los familiares de los alumnos es que restituyan la seguridad en el acceso a algunas escuelas ubicadas en barrios de alta vulnerabilidad social, que el Pro retiró hace algunos meses. Según la perspectiva del nuevo ministro, esa seguridad debería asignarse al servicio penitenciario, para tener a la muchachadita peligrosa en escuelas-cárceles, a la manera del panóptico de Bentham.

Mientras tanto, Posse -que es proa del desembarco duhaldista en la capi, en paralelo a los rumores de saqueos decembristas que generen más sensación de inseguridad entre los vecinos porteños- se dice peronista, apelando al comodín del mazo de cartas ideológico; porque como término polisémico, el peronismo puede englobar tanto al nacional y popular como al fascista. A Posse le sobra la vergüenza ajena como para autodenominarse fascista, como hiciera el español José Calvo Sotelo, diputado monárquico muerto a manos de los republicanos días antes del pronunciamiento de Franco. Pero de tan estigmatizada que está la palabra, posiblemente no se atreva a asumirla como propia ideología.

En un artículo de La Nación del 17 de agosto de 1998, y justamente hablando del padre de la patria, exiliado y olvidado en Francia, Posse decía refiriéndose a los enemigos: "En nuestra republiqueta de gozadores, carnívoros, solo los mediocres, los atinados, mueren en la resplandeciente armonía de la clínica".

Es una suerte que la transmisión de las políticas educativas desde la cabeza ministerial hacia los y las niñas no se dé directamente a través de una correa sin mediaciones. El campo docente goza de cierta autonomía para evitar que en poco tiempo el piberío ande diciendo por ahí que el sargento Cabral murió contento en el campo de batalla porque había batido a los pobres y chorros trotsko-leninistas que se atienden en clínicas.

lunes, 29 de junio de 2009

Fiesta cív(n)ica

En la atmósfera abstemia y hospitalaria de las escuelas, la curda de alcohol en gel fue furor entre los invitados a la fiesta. La borrachera gelatinosa acercó a los cuerpos votantes al baile de barbijos, a falta de antifaces, que se desató como una danza de la muerte aséptica (la máscara de la muerte amarilla). Y en el beso final, las lenguas encontraron un obstáculo insalvable, que resolvieron con un apéndice, con una extensión artificial del cuerpo: una almohadilla húmeda. El nuevo cyborg así prefigurado se apresta a vivir regido por la derecha paranoica y espectacularizada (la más peligrosa) que se avecina.

El principio inmunitario de la modernidad avanza. La comunidad apestada se extingue.

viernes, 27 de marzo de 2009

Toda la fruta

Lo bueno de tener el famoso baúl (que puede ser un armario, un cajón o una simple pila visible) con cuadernos viejos es que uno puede toparse no sólo con escritos que había olvidado completamente o que suenan ajenos a la lectura, sino también encontrar textos que entrarían en, digamos, otros rubros. Para aquella persona que en su ludismo quiera inspirarse y explorar nuevas dimensiones, va transcripto un tutti-frutti jugado en Sorata, Bolivia, un verano de 2002, bajo alguna influencia psicotropical (sin estación seca, es la pura selva). En ese sentido, el reglamento parece haberse flexibilizado por demás. Aquí una muestra gratarola:

*Barbudos famosos:

L: León Gieco (10)
M: Marx (10)
T: Tito Cossa (10)
F: Federico Engels (10)
K: Karl Marx (10) [la idea fija: ¿el cultivo de barba famosa será condición sine qua non para profesar el comunismo?]
O: Ortega y Gasset (10) [¿?]
P: x
G: x
V: Van Gogh (20)

*Cortes de pelo:

L: x
M: Militar (10)
T: Tom Cruise (10) [un corte top gun]
F: Fifí (10) [¡!]
K: King, Don (10)
O: Orejudo (10) [influencias de la Gestalt]
P: Peludo (10) [una especie de anticorte]
G: x
V: Villero (10) [para los políticamente correctos, es por Pancho (mmmh)]

*Cosas pegajosas:

L: Lodo (10)
M: Moco (10)
T: Té con moco (10)
F: x
K: Kandahar en verano (10)
O: Orto sucio (10)
P: Pedo líquido (10) [se puso escato]
G: Gota de sudor (10)
V: Velcro (10)

*Comidas típicas:

L: Locro (10)
M: Moscas (10)
T: Tamal (10)
F: Fungi (10)
K: Koala hervido (20) [se dice que en Australia…]
O: Orégano solo / Ortiga (10) [dos, por las dudas]
P: Pez globo (10)
G: Gusanos (5) [¡5! El oponente pensó en gusanos, qué sintonía anticastrista]
V: x

*Regalos del día del padre [the best]:

L: Libreta de apuntes (10)
M: Mamá (10) [conozco casos]
T: Tero (10)
F: Fósforos (10) [a veces hay malaria]
K: Kundera, un libro de [la coma es el mejor comodín]
O: Oro (10)
P: Píldora rejuvenecedora (10)
G: Gilette (10)
V: Vaso tallado (10)

martes, 30 de diciembre de 2008

próspero molina dosmilnuevo

El determinismo histórico parece azotar el uso del lenguaje y, sobre todo, de ciertas palabras. Pero en algunos casos, más que histórico, se trata de un determinismo de calendario. El almanaque modela nuestro lenguaje técnico, ese que se restringe a sólo cincuenta palabras o frases hechas para decir básicamente todo lo decible, sin un mínimo vuelo imaginativo, sin explotar el potencial de creatividad de ese código con el que nos comunicamos, sin que la expresión le dé una chance al oleaje poético.

Esas frases y palabras que sobre todo difunden los medios masivos son modismos pasajeros a veces (hot jeans); otras, neologismos pedorros horneados en la matriz, por ejemplo, de la inseguridad (motochorros (y hasta motochorros acuáticos)); y otras, las peores, palabras que figuran en el diccionario pero que sólo se utilizan para una ocasión especial... ¡¡Próspero!! **Sí, esto no es más que un textito para hacer catarsis** La verdad que escuchar esa palabra únicamente para adjetivar al año nuevo que se le desea a ajenos, da ganas de renunciar a felicitar a terceros y esforzarse de una buena vez para hacer carne el deseo de felicidad propio. Me permito exclamarlo nuevamente, ¡¡próspero!! Cada vez que llega fin de año (como todos los inviernos volvemos a leer que 80 camiones están varados en el paso del Cristo Redentor) es inevitable escuchar o leer esa palabra acartonada, que suena tan exótica y forzada en algunas bocas o páginas. Porque felicidad se desea en distintas fechas, pero ¡¡prosperidad!!

¿Alguien sabe qué se desea cuando balbucea ese adjetivo esdrújulo? ¿Esa prosperidad, ese progreso, tiene un criterio económico, ilustrado, acumulativo o qué? Quienes profieren esa palabra no se hacen cargo de ella, y legitiman su uso instrumental, lineal y rígido; se repite como algo dado y hueco sin considerar las posibilidades de transformación que puede tener el lenguaje. Y aunque parezca una cuestión militante y obsesiva sobre un supuesto buen uso del lenguaje, este vómito verbal no está más lejos de eso, por favor, es tan sólo una entreverada explicación sobre el odio que se le tiene a una palabra.

Pero, claudicando y para no quedar al margen del rebaño, espero que prosperen y progresen en este 2009 nuevísimo (o dosmilnuevísimo), digamos, una o dos fases: de la oral a la anal, tal vez; o del primitivismo al ciber-humanismo; o de la clase media al jet set. Y que vayan a Cosquín para seguir el ejemplo de Molina, que se tomó en serio lo de próspero y terminó siendo plaza.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Omar, el pícaro gordito


(Hacer click en el dibujito para ver mejorcito a Pulgarcito). Ayacucho, 19-3-1999.


miércoles, 20 de agosto de 2008

Liniers no inventó nada

Sigue la publicación de reliquias, esta vez un claro antecedente del Mazo de Cartas (que próximamente saldrá del horno. O de la cajita, en fin...). Un texto en el que el plagiador historietista con nombre de virrey y de barrio debe de haberse inspirado. Claro, esto si hubiera tenido acceso al mismo. Tal vez lo soñó.

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De: Bec Sac
Para: Facuya
Enviado: sábado 5 de febrero de 2000, 15:06
Asunto: secreto

Érase una tarde de 1143, en la que un conejo llamado Sepúlveda se encontró con una serpiente autodenominada Roque.

-¡Pero cómo! -exclamó Sepúlveda-, ¿vos no sos mujer?

-Sí, pero soy una serpiente travestida y perseguida por la logia Lautaro -respondió Roque. ¿Querés entablar una relación conmigo y correr libres por la pradera y viajar de luna de miel a la sabana de Tanganika?

-Sí, quiero -aseveró el animalito de largas orejas sin dudarlo un segundo.

Quién lo hubiera pensado, conocer una serpiente travesti y encima con plata. Realmente era su día de suerte.

-¿Qué esperamos? -dijo Roque con una sonrisa de oreja a oreja (él/ella creía ser como Sepúlveda y tener orejas como para sonreír de una a la otra) y agarrados de la mano (¡...!) se internaron en un frondoso monte. Pero a la vuelta de un árbol los esperaba un ser realmente raro.

-Y tú, ¿qué espécimen eres? -preguntó admirado Sepúlveda.

-Soy una logia y mi nombre es Lautaro. Antes que preguntes lo que me imagino, te digo que soy una logia travestida, y vengo en busca de Roque.

Roque bajó los ojos tristes, suspiró un "Adiós, Sepu" al conejo, y se fue junto a la atenta mirada de Lautaro.

El conejo Sepúlveda, un poco acongojado por el frustrado día de suerte, pensó que la pareja que hacían Roque y Lautaro era realmente rara, pero bué. Y también pensó en qué tendría Lautaro que él no tuviera. Por lo pronto, decidió travestirse. La liebre Sepúlveda siguió su búsqueda de un día de suerte por las praderas neerlandesas por el resto de su vida... (Fragmento de "Una triste historia medieval", de autor medieval desconocido).

miércoles, 13 de agosto de 2008

Carretera perdida


En cada viaje que se emprende uno se muere un poco. Es que cada traslación corpórea implica otras tantas, más movilizantes aún, y ya nada vuelve a ser como antes. Cada viaje fuera del ámbito sedentario es como una suspensión de la realidad, de la acostumbrada realidad, y una inmersión en un océano de extrañezas, como una transportación dimensional.

Los trayectos sin itinerario son como puntos de fuga que se escapan de la lógica, del esquema, del control, muchas veces de la razón, más allá de que se siga un camino ya trazado o una huella tímida de algún viejo adelantazgo. Muchas veces los diarios de viaje intentan apalabrar e iluminar un poco esas travesías para reconocerse en ellos y no perder la propia historia en la inmensidad de los confines.

Pero lo que parece una línea sobre el asfalto puede ser una cinta de moebius. Y las ciudades, pueblos, caseríos y paisajes que se perciben pueden ser tan invisibles como los no-vio Calvino. El nomadismo es una búsqueda sin mapa ni brújula, pero con un cierto afán de conocimiento, de pantallazos sobre el otro lado del espejo, de revelaciones oníricas sobre los sentidos despiertos. Y es también un escape del sopor, un sacrificio del presente progresivo hacia un horizonte previsible, una apuesta al 37 en la rula.

Foto de alguna puerta dimensional en la ruta que atraviesa las Salinas de Ambargasta, Santiago del Estero. Pero seguramente, otro lugar.

miércoles, 9 de julio de 2008

Naïf 2 / Un día peronista


Perón es un cadáver exquisito. Por eso genera tanto revuelo y tantas relamidas cada vez que se habla de él, se lo profana o se lo traslada. O se lo come, claro, porque somos una cultura claramente antropófaga del peronismo, así como lo fueron Oswald de Andrade y sus seguidores del modernismo brasileño.

Este axioma fue el disparador (o tal vez no) para que Lean y Luc escribieran lo que sería el primer tema de Naïf. Consistió en un cadáver exquisito, tanto de letra como de dibujo. Éste último retrataba a los protagonistas del tema en un día de campo y peronista, cuando los dos (el día de campo y el día peronista) se llevaban bien y de la mano. Todo muy risueño. La canción cerraba con una coda tautológica.

Ese 12 de febrero de 2001 fue un día peronista, quién sabe por qué (como todos), pero mereció el título del tema. Adaptamos la letra a la música ya delineada por Lean, bien pero bien tontona en sus estrofas, y rozando el descalabro ruidoso y atonal en el estribillo o estribo pequeño; y terminamos de armar la melodía. Así quedó lo que también sería el primer tema de la trilogía diaria (junto a "Días de sol" y "Día domingo", que también podrían ser considerados peronistas). Luego Agus le agregaría una introducción misteriosa con una melódica y Fede se encargaría de castigar su guitarra en la parte que llora la carencia del hacha favorita, esa que tenía el protagonista de The Wall en la parte izquierda del placard (en "One of my turns"), y que tal vez también había fabricado algún que otro cadáver exquisito. Esa parte marca el tópico de la violencia, de la buena y de la mala, que siempre enconó al peronismo. La moraleja pelotuda podría ser que detrás de cada día de sol, de cada sonrisa (solrisa, sunrise), puede haber un hacha, o tres, a punto de hacer leña del árbol caído.

Un día peronista

Cuando por fin me siento idiota
y todo me resbala
Cuando el cielo inmóvil me mira
y se ve por la ventana
Siento que voy a salir
para ver ese sol
E inundarme con su luz
¡Ay! Sentirme tan cursi

Sin mi hacha fa(p)vorita
Sin mi hacha surrealista
Sin mi hacha peronista

Coda: ¡Tiene coda! ¡Tiene coda!

viernes, 27 de junio de 2008

¿Y si armamos la Carpa Loca*?




Después de la carpa blanca, la celeste, la verde y la roja, no estaría mal armar la Carpa Loca, con tiros, líos y cosa golda, ea ea pepé y pepé pepé pepé. Como el espectro visible de colores para decorar las instalaciones ya está cubierto, podríamos preguntarle a Lovecraft cómo era el color que cayó del cielo.

Si una de las carpas que hay en Congreso es para "militantes", otra para "la gente" y otra para "la tercera posición", ésta podría ser para la caravana frikosa (o sea, incluiría a los tres sectores sociales mencionados). En fin, que sea la sede de las fiestas bacanales-saturnalias-dionisíacas. Allí podríamos revivir la Carpa del Amor con el elenco de la foto, organizar una lucha de catch entre el Gauchito Gil y el Compadrito Grosso y un contrapunto entre un payador y un milonguero. Y si alguien se quema con un fósforo echarle la culpa a una molotov arrojada por Bombita Rodríguez.

¡Panis et Circensis!

*Desvariado homenaje a la legendaria "carpaló", concebida por un grupo de adolescentes desbocados en un campamento en Junín, en los turcos años noventa.

martes, 17 de junio de 2008

El Niño Unidimensional


Herbert Marcuse, quien fuera integrante de la Escuela de Frankfurt, señalaba en El hombre unidimensional que éste era consecuencia, entre otras cosas, de la institucionaliza–ción de un lenguaje técnico acrítico y antidialéctico.

Una muestra de esa operacionalización del lenguaje está dada por las abreviaturas o siglas (como ONU, OTAN, etc.), las cuales, según el autor alemán, además de bombardearse mayormente desde los grandes medios de comunicación, son artificios de la razón y denotan lo institucionalizado.

Días atrás me topé con mi cuaderno de Arte de 5° grado. Allí nos daban una consigna que debíamos completar con una frase y un dibujo: "¿Qué es para vos el arte?". No sé si ya en esos años mozos estaría comenzando a internalizar el mundo unidimensional, impuesto por una sociedad que cierra el universo del discurso, pero creo que como humorada tomé a la palabra "arte" como abreviatura. La cuestión es que, para mi tranquilidad actual, luego de las siglas acudió como tromba el surrealismo para, aunque sea, darle un matiz crítico a la respuesta. Porque el surrealismo no sólo supera a la realidad, sino que a veces incluso ésta busca imitar a aquel: "El arte para mi es: Asociación Rural Tenebrosa Elemental".

Lejos de ser una profecía, porque el A.R.T.E. en nuestra historia siempre se refirió a lo mismo, comparto esta impresión que, creo, sigue vigente (y encima en el dibujo aparecen cuatro artistas enlazados en una mesa rural...).

miércoles, 14 de mayo de 2008

A mis veintisépticos

Un martes 13 no da para casarse ni embarcarse. Tampoco para cumplir. Ni dignificar siquiera. Pero a veces cumplir no se puede evitar, y por más que uno no se lo proponga cumple. O bien, lo hacen cumplir. El disciplinador "almanaque", con ese nombre de alma encorsetada. Tan sólo una ficción gregoriana basura.

La decadencia de los veinte sobreviene, se huele la podredumbre de la belle époque, de los años locos. Veintisépticos. El corega y el bisoñé se acercan a la cotidianeidad. Y ahí están mirando desde el Olimpo Jim, Janis, Jimmy y Kurt (bué, y Rodrigo también) con un atragantado por el humo.

Pero algo de esperanza queda para la década infame de los treinta que comienza a despuntar. Por un lado, en el que pesa la actitud, hay que dejar de festejar el día del cumpleaños y volver a las fiestas bacanales, que duraban muchos días. Y por otro lado, si apartamos los números arábigos y acudimos a los romanos, otra vez con el guiño de Baco, la cuestión puede resultar menos cuestionable. Así, en vez de 30, en tres años cumpliría XXX. Tal vez la cosa se ponga un poquito más porno.