miércoles, 27 de mayo de 2009

Templo del Perro

Cumbre del grunge entre los integrantes de Soundgarden y el recién salidito del horno Pearl Jam. Corre 1990 y Chris Cornell arma una banda tributo al cantante de Mother Love Bone, Andrew Wood, recientemente muerto por (como será de suponer) sobredosis de heroína. Temple of the Dog la integran, además, Matt Cameron (batero de Soundgarden y actual de Pearl Jam), Mike Mc Ready, Stone Gossard y Jeff Ament (todos de Pearl Jam y los dos últimos ex Mother Love Bone). Graban un único disco que sale en abril de 1991 -antes de Ten, el primer disco de Pearl Jam- e invitan a Eddie Vedder para Hunger Strike. Como resultado sale una clásica balada a contrapunto entre los agudos de Cornell y los graves de Vedder, con su mejor parte en la explosión final y los gritos jesuíticos del cantante de Soundgarden. El resto del disco es para chuparse los dedos con fruición libidinosa y dactilofílica. Valga una nota al pie: visto a la distancia, además de suciedad, angustia y camisas leñadoras, la imagen que vendía el grunge obligaba a pelar fachita, eh. ¡Papurris!

sábado, 9 de mayo de 2009

Siglo Rojo

El último 1º de mayo pasó sin pena ni gloria el centenario de la Semana Roja, aquella represión policial encabezada por el jefe de policía, coronel Ramón L. Falcón, que dejó un tendal de obreros muertos. En el marco de la crisis mundial de 1907, que como toda crisis comenzó ajustando los salarios de la clase trabajadora, las represiones masivas eran moneda corriente en el continente. Por ejemplo, la masacre de la escuela Santa María de Iquique, Chile, que en diciembre de 1907 dejó miles de muertos; o las huelgas violentamente sofocadas en México, que iban a confluir en el inicio de la revolución de 1910.


En Argentina, ya en 1907 se había producido una huelga de inquilinos reprimida por el recientemente nombrado Ramón Falcón. En 1909, en ocasión de conmemorar el 1° de mayo (no el 30 de abril como en la actualidad), obreros anarquistas nucleados en la F.O.R.A. se manifestaron en la plaza Lorea. A tiro de máuser, la policía dejó 12 muertos y alrededor de setenta heridos. Durante los días siguientes, los socialistas y los sindicalistas se sumaron a la huelga general y al reclamo de destitución de Falcón. En el entierro de los muertos del 1° de mayo, una multitud de 60 mil personas llevó los féretros hacia la Chacarita, y nuevamente fueron reprimidos por orden del jefe de policía. Hubo que esperar hasta noviembre de ese año para que Falcón abandonara su cargo, ya no por voluntad propia, sino por el atentado cometido por el obrero ucraniano Simon Radowitzky con una bomba casera, en la recoleta esquina de Callao y Quintana. La violencia que genera violencia: el mismo axioma que se repetiría con los responsables, entre otros hechos, de la matanza de Iquique (Silva Rennard, quien sobrevivió al atentado), de la Patagonia Trágica (Héctor Varela) y la Masacre de Trelew (Hermes Quijada).



Falcón, además, había combatido en el ejército durante la llamada conquista del desierto. Y por haber sido el fundador de la primera escuela de policía del país, fue premiado post mortem con denominaciones de pueblos, calles e instituciones con su nombre, monumentos y placas. Como la que todavía hoy se emplaza semi-oculta en la esquina donde lo mataron. Como no fue nombrado durante un gobierno de facto, a pesar de haber cometido crímenes de estado, no hay ley que permita retirar su nombre de estos espacios. Pero bueno, la violencia simbólica generará violencia simbólica. Por lo pronto, desde el sitio web Chau Ramón Falcón, un grupo de personas se propone cambiar el nombre de la segunda calle más larga de Buenos Aires, que lleva el nombre del militar.

Ramón "Ford" Falcón tuvo su papel en la literatura bajo la tecla de la olivetti de Humberto "Cacho" Costantini, en su novela De Dioses, hombrecitos y policías, escrita en 1975. Allí tal vez se plasma de la mejor manera la conexión que existe entre el apellido del coronel represor y los autos que se encargaron de simbolizar el terrorismo de estado de la última dictadura. En la novela, el dios griego Hermes busca salvar a un grupo de poetas que se juntan en una casa de Villa del Parque, y que fueron signados por el dios subterráneo Edes a morir bajo la tortura de un grupo parapolicial, como pago por la muerte del general Cáceres Monié (hecho real, sucedido en Paraná en diciembre del '75). Hermes baja a los infiernos para tener más información sobre el plan de Edes, se disfraza de militar y se encuentra a Falcón: "Y retorciéndose la guía de su negro bigote habló así el alma del ilustre Ramón Falcón. 'Sábelo, oh distinguido muerto. Hace ya casi tres semanas, el día 15 de noviembre exactamente, infalibles augures anunciaron al poderoso Edes que hoy, 3 de diciembre de 1975, elementos subversivos (seguramente algún ácrata de apellido polaco y valiéndose de una bomba de fabricación casera, casi me atrevo a vaticinar) enviarán a esta negra Mansión al excelente general Cáceres Monié, por muchísimos motivos amado por el insaciable Edes".

Un Dionisos para Radowitzky.

domingo, 3 de mayo de 2009

Domingo a la mañana

¿Existe realmente el domingo a la mañana? En los estatutos temporales aparece como un período de un día de la semana, como cualquier otro. Pero en la experiencia matinal dominguera, el flujo de irrealidad parece concentrarse como con un embudo. Como una entrada subjetiva a otra dimensión velada por el afán ordinal de todos los almanaques y relojes.

La vivencia de una mañana de domingo es tal vez lo más parecido a un recuerdo, a la evidencia de los años perdidos. La temporalidad subjetiva desborda a la del calendario en una actualización de vidas pasadas, edades de sol, memorias de cera derretida. Y en ese regreso a la cueva para el placer del descanso una claridad deformada, un aura de amanecer melancólico rodea a los objetos y a las personas; las voces y ruidos llegan con delay, en un eco que reclama el olvido instantáneo. Todo se percibe y se escurre al mismo tiempo en un estado narcótico, ya sea inducido, o bien provocado por las mismas propiedades de la luz inicial del primer día de la semana. Porque es difícil estar despierto un domingo a la mañana, y no tener desordenada la percepción. Las reacciones se limitan a la náusea que puede provocar la visión de algún gimnasta corriendo con sus auriculares y su botella de agua; de alguna paseadora con su perro; de padres y madres con sus retoños; de algún comprador de facturas, de diario, o de las pastas que se vendrán al mediodía. Y uno a punto de irse a dormir para despertar cuando esos madrugadores se preparen para la siesta.

El cuerpo flota y subsume el entorno, que deja de existir como tal. La negación de la realidad se consagra en el ritual de haber sobrevivido otra madrugada sin ayuda divina.


martes, 28 de abril de 2009

Persecuta de novela

César tocó el timbre de Eduardo un largo rato: se había olvidado las llaves. La lluvia lo empapaba y apenas podía cubrirse debajo de un pequeño balcón del edificio. Tal vez Eduardo no estuviera, y en ese caso lo mejor sería ir a algún bar. Fue inevitable recordar una vez más su mudanza una semana atrás a lo de su amigo del secundario, cuando se le hizo insostenible pagar el alquiler de su departamento.

Se prendió un cigarrillo con el último fósforo de cabeza roja que le quedaba entre tantos ya consumidos, dentro de la cajita de Fragata. Tanteó las monedas que tenía en el bolsillo y cruzó dando largos pasos a la vereda de enfrente, donde pudo resguardarse en el toldo agujereado de una zapatería abarrotada. De los faros de la calle manaba una luz amarillenta y muchas de las lámparas estaban rotas a causa de piedrazos anónimos. La ciudad estaba desierta y oscura pero César, desde su nueva posición, advirtió que el bar de Alfonso, en la esquina, hacia su derecha, estaba abierto.

Se dejó llevar hacia allí entre bostezos y deseó cruzarse con un ser humano en el trayecto, cosa que, como esperaba en el fondo de su esperanza, no ocurrió. El bar de azulejos verde agua y tubos de luz blanca era deprimente a esa hora (y a todas las otras) y la mancha bordó del dueño acurrucado en el mostrador con el caño de la escopeta asomando era el único signo de vida, junto a la televisión que estaba emitiendo un resumen de noticias. "Lo de siempre", dijo el mozo y subió el volumen en puntas de pie, contradictoriamente interesado. César se sentó junto a la ventana y se debatió entre mantenerse despierto y pensativo o dar rienda suelta a lo que a esa altura se manifestaba a través de bostezos y picazón en los ojos.

–Un whisky– dijo corporalmente, sin terminar de decidirlo con la mente.

Lo esperó mirando sin ganas las imágenes de desorden internacional en la pantalla, hasta que percibió algo cercano y molesto, que luego le resultó incómodo y un segundo más tarde, alarmante. El hombre que lo miraba fijamente desde la calle no parecía ser alguien simpático, menos aún con esos anteojos espejados (que lo miraban fijamente) y con su mano derecha guardada en el interior de su piloto, a pesar de la lluvia escasa pero filosa que caía. César lo había advertido, primero de reojo; pero pronto el temor le impidió simular algún que otro vistazo directo con ánimos de ahuyentar. Sin embargo, el hombre, inmutable, a dos metros del vidrio (a dos metros y centímetros de César), no le quitaba los anteojos espejados de encima. El mozo llegó con el whisky para aquietar un poco la tensión de la situación y se dio cuenta de la extraña presencia. Miró a César como intentando decirle algo y se retiró detrás del mostrador sin más. César miró un punto cualquiera del aire, como si hubiera una persona sentada enfrente suyo, y empezó a hablarle de su infancia. Carcajeó con alguna anécdota y movió el vaso escuchando el golpeteo de los hielos contra el vidrio. Se llevó el vaso a la boca y le dio un largo e impresionante sorbo (que seguramente no debería haber inmutado al hombre que lo miraba). De repente, mientras sentía correr la generosa cantidad de bebida en su garganta y cómo comenzaba a mezclarse con su sangre, el alcohol de la noche anterior que aún mantenía en su cuerpo se reactivó. Cerró los párpados con fuerza hasta que brotaron de ellos dos lágrimas sutiles.

Volvió a mirar con la neblina lacrimal por la ventana lluviosa y tardó en darse cuenta de que el hombre ya no estaba. Casi inmediatamente escuchó abrirse la puerta del bar.

miércoles, 8 de abril de 2009

Sueño de una noche de verano

Íbamos a ir a Uruguay junto con E... en avión. Lo curioso es que hacía escala en Francia. Cuando llegamos a la Galia era de tarde, y como el avión que seguía a Uruguay salía a la mañana del otro día, fuimos a pasar la noche a lo de la abuela de E..., que vivía a pocas cuadras. En el camino observamos con avidez viajera las playas francesas llenas de palmeras.

En un momento del paseo, paramos en un puesto de diarios y leímos en la tapa de uno que había graves peleas entre blancos y musulmanes, en Francia. Continuamos, y mientras caminábamos por una peatonal escuchamos en perfecto castellano:

-¡Blanca, fea!, ¡Blanca, fea!

De la muchedumbre que rodeaba la situación salió un musulmán muy enojado, quien seguramente había sido el profirente del insulto; y enseguida, una mujer triste, quien seguramente lo había recibido. Lo que nos extrañó es que todos, la mayoría de los curiosos, eran blancos y ni se inmutaron; y también nos extrañó el insulto porque la mujer estaba para chuparse los dedos.

Luego del altercado doblamos en una calle solitaria y subimos al departamento de la abuela de E... Nos recibió con regalos, aunque sin saber que íbamos a visitarla.

-Para vos, E..., un regalo. Y para vos [para mí], dos -dijo la anciana.

Le preguntamos por qué eran los regalos y nos contestó que por pascuas. E... rompió el papel de su regalo y de la rasgadura comenzó a a brotar una infinidad de muñecos que caían a borbotones, mientras que yo abrí mis regalos, pero ya no tenían importancia.

Luego llegaron varios amigos de improviso que también iban a Uruguay al otro día, por lo que decidimos dormir tres personas por cama. Pero como dormiríamos sólo cuarenta minutos, decidí irme a dar un paseo nocturno y E... y Q... me acompañaron. Recorrimos un rato el barrio y cuando volvíamos a lo de la abuela de E... vimos a unos musulmanes que nos disparaban desde la puerta de calle del edificio. Nos acercamos allí, mientras E... y Q... desenfundaban sus armas, y yo me escondí detrás de una pared. Cuando E..., Q... y los musulmanes se alejaron a los tiros un poco, salí de mi escondite, pero un musulmán me descubrió y me apuntó. E... me preguntó si tenía armas y yo le contesté gritando que no. Cuando el musulmán me iba a disparar, sonó un tiro y se desplomó antes de que pudiera gatillar; detrás, enfocando en segundo plano, encontré a la abuela de E... con una escopeta humeante, quien me dijo:

-Escuché tus gritos desde arriba.

Subimos y la abuela de E... me volvió a dar un regalo. Esta vez eran cuatro huevos de pascuas. La casa de la abuela de E... estaba en orden. Luego nos sentamos todos los que estábamos parando ahí y nos pusimos a charlar y a comer palitos y papas fritas.

25-1-98
Río de los Sauces, Córdoba.

viernes, 27 de marzo de 2009

Toda la fruta

Lo bueno de tener el famoso baúl (que puede ser un armario, un cajón o una simple pila visible) con cuadernos viejos es que uno puede toparse no sólo con escritos que había olvidado completamente o que suenan ajenos a la lectura, sino también encontrar textos que entrarían en, digamos, otros rubros. Para aquella persona que en su ludismo quiera inspirarse y explorar nuevas dimensiones, va transcripto un tutti-frutti jugado en Sorata, Bolivia, un verano de 2002, bajo alguna influencia psicotropical (sin estación seca, es la pura selva). En ese sentido, el reglamento parece haberse flexibilizado por demás. Aquí una muestra gratarola:

*Barbudos famosos:

L: León Gieco (10)
M: Marx (10)
T: Tito Cossa (10)
F: Federico Engels (10)
K: Karl Marx (10) [la idea fija: ¿el cultivo de barba famosa será condición sine qua non para profesar el comunismo?]
O: Ortega y Gasset (10) [¿?]
P: x
G: x
V: Van Gogh (20)

*Cortes de pelo:

L: x
M: Militar (10)
T: Tom Cruise (10) [un corte top gun]
F: Fifí (10) [¡!]
K: King, Don (10)
O: Orejudo (10) [influencias de la Gestalt]
P: Peludo (10) [una especie de anticorte]
G: x
V: Villero (10) [para los políticamente correctos, es por Pancho (mmmh)]

*Cosas pegajosas:

L: Lodo (10)
M: Moco (10)
T: Té con moco (10)
F: x
K: Kandahar en verano (10)
O: Orto sucio (10)
P: Pedo líquido (10) [se puso escato]
G: Gota de sudor (10)
V: Velcro (10)

*Comidas típicas:

L: Locro (10)
M: Moscas (10)
T: Tamal (10)
F: Fungi (10)
K: Koala hervido (20) [se dice que en Australia…]
O: Orégano solo / Ortiga (10) [dos, por las dudas]
P: Pez globo (10)
G: Gusanos (5) [¡5! El oponente pensó en gusanos, qué sintonía anticastrista]
V: x

*Regalos del día del padre [the best]:

L: Libreta de apuntes (10)
M: Mamá (10) [conozco casos]
T: Tero (10)
F: Fósforos (10) [a veces hay malaria]
K: Kundera, un libro de [la coma es el mejor comodín]
O: Oro (10)
P: Píldora rejuvenecedora (10)
G: Gilette (10)
V: Vaso tallado (10)

martes, 24 de marzo de 2009

Melodía

Una melodía que comenzó a dibujarse en su mente libre de pentagramas y otras prisiones la convenció, definitivamente, sobre el destino que su poema sufriría. La posición horizontal sobre la cama que había utilizado para escribir en una hoja sin renglones le había permitido experimentar una nueva forma de canalizar sus pensamientos sin antes inspirarse. Ni antes de que expirase, claro. Un vómito hemo y verborrágico, previo a la náusea de saberse escrita. Secuencia que enrarecía aún más el orden fisio y lógico de las cosas, las causas y las consecuencias.

Su cuarto lucía desordenado. Aunque esto dependía de quién lo apreciara (tan poca gente la frecuentaba últimamente), porque las cosas, como en su mente, estaban colocadas sin pentagrama de por medio -además, al fin y al cabo, el orden no depende más que de quien lo dispone-; y las superficies que modelaban la habitación no sólo eran blancas y negras, sino que también mostraban vetas de colores primarios y secundarios. Tampoco todos los objetos tenían una forma redonda, ni lucían la cola de la corchea o la fugacidad de la fusa, ni estaban a un paso de semi-serlo, sino que expresaban una presencia informe y contundente. Pero un puf y un estante eran un do sostenido; y un plato con restos de moho con una blusa encima se traducía en un contrapunto en fuga. Esa habitación que había dispuesto con la mente en blanco, como ahora con su pretendida creación altruista.

La hoja había quedado olvidada a un costado del colchón, junto a su cabeza ladeada, con una mancha negruzca de tinta roja escupida que renunciaba a la escritura. Su boca promediaba los extremos, semiabierta entrelabios, queriendo liberar un haz de voz que se esfumara en el aire de su habitación, tan contaminada del aire espeso de verano que entraba por las ventanas abiertas de par en par.

Pero su estado hipnótico y semiconsciente a la vez la inmovilizaba física y sensorialmente, dejando sólo a su mente con la capacidad de pasearse por los rincones de aquella melodía poética que estaba gestando, pero que ni siquiera podía oír para sus adentros. Tampoco escuchaba su corazón, seguramente dominado por lo que había sido la dulzura de esas notas y palabras tan armónicamente mixturadas, bellamente vacías de sentido, pero ahora agrias por una fermentación misteriosa que nacía de lo más profundo de sí. Esa bola creativa y vital comenzaba a abandonarla, flotando fuera de su cuerpo, como escapándose de ella (como un contrapunto en fuga). Esto la inquietó, pues sabía que era lo último que le quedaba. Buscó inventar un magnetismo mental que atrajera la zigzagueante melodía, pero ésta la evitaba con la rapidez de una liebre que rehuye a un cazador sin rifle. La poesía melódica finalmente brotó al espacio en un suave quejido ronco de su garganta y se escapó por la ventana, para quedar enmudecida para siempre por el ruido de la ciudad.

20-01-01

sábado, 14 de marzo de 2009

¡Ay...!


Alguien que le avise a Fidel Nadal que el que tiene al lado, Earl Wayne, es el embajador de Obama en Argentina como lo fue de George W. Bush. Según informa Clarín, con la excusa del "Mes de la historia afroamericana" el músico visitó la sede diplomática de Estados Unidos. Es cierto que ya tuvo algunos delirios, sobre todo con las canciones que nos regaló en estos últimos años, tan prolífica y redundantemente como Andrés Calamaro. Pero para ilustrar el extrañamiento que produce esta imagen, es el tipo que cantó: "Quiero irme del país / y despertarme mañana en otro lado / Me cago en las banderas / me limpio el culo con sus fronteras"; o "Viejos de mierda mueransé / nos robaron la juventud / viajando a U.S.A. / disimulando la represión"... Nadal tuvo un verdadero "change", como lo indica su remera. Por otro lado, es completamente valorable su compromiso en la defensa de la cultura afro desde sus comienzos en el under punk, como lo fue su padre Enrique desde la academia; y sin entrar en el debate del reconocimiento institucional que puede hacer un Estado (siempre tarde, siempre), ¿tenía que ir a la embajada yanqui? Era más probable que se sacara una foto con Cumbio, pero ¡¿con Wayne?!. Aquí nomás, en Barracas, el Movimiento Afrocultural está a punto de ser desalojado del edificio que ocupa desde hace años, y donde brindan talleres de música y danza afro. El Estado, como desde su constitución en el siglo XIX frente a la comunidad afro: de espaldas. No vendría mal, aunque sea, recortar una figurita del establishment cultural como Nadal y ponerla al lado de los Bonga para aportar en la lucha para que no se cierre, en dichos del antropólogo Alejandro Frigerio, el ultimo kilombo de Argentina.

jueves, 5 de marzo de 2009

Equidad de especies



Todo indica que en algunas estaciones de tren de la provincia bonaérea, la lucha de algunas especies animales le ganó la pulseada al feminismo. Por ejemplo, en Ayacucho se espera una oleada inmigrante proveniente de China, y en atención a sus potenciales mascotas, éstas podrán disponer de los servicios sanitarios como ya lo venían haciendo los señores. ¡Felicitaciones a todos los osos!

jueves, 19 de febrero de 2009

Nuestra novela

Ellos se movían en bloque y el parecido que tenían entre sí me había causado una molesta impresión. Cuando los vi por primera vez, todos me miraron a la vez (y creo que ellos también me vieron por primera vez, la misma vez que yo los vi por primera vez, a menos que ya me hubieran visto sin haberlos visto yo... ¿Si p entonces q y q entonces r...? Bueno, no viene al caso, debo cerrar el paréntesis). Según me había comentado Genaro, no hablaban y se comunicaban a través de boletines diarios que sólo algunos de PUEBLO podían entender. Estos papeles daban mucha tela para cortar y, al principio, cuando un representante de ellos, o sea, de Nosotros, entregaba el papel diario al encargado semanal de la Célula, éste les preguntaba desesperado qué era lo que querían decir, pero ellos, Nosotros, no hablaban. Miraban, así, con cursiva. Y todos miraban igual. Esto provocó que los primeros días en los que este grupo se acercó a la Célula del barrio de Almagro, se dedicaran horas enteras a trabados debates que intentaban llegar a una Interpretación Única de los escritos. Pero cuando se dieron cuenta de que esto iba en contra de los principios fundacionales de PUEBLO, dejaron de esforzarse por buscar explicaciones y los dejaron hacer a placer. Placer autista que a nadie, salvo a ellos, placía. Y nada había que criticarles, porque a pesar de las sospechas que podían levantar entre los Agentes Serviles por estar siempre juntos, ser tan ¿iguales?, y no hablar más de lo que miraban, habían demostrado una ferocidad incontenible y bien dosificada durante algunas batallas callejeras contra los A. S.

Pero nadie sabía mucho más de ellos que lo que habían mostrado en la práctica, ni de dónde venían, ni quiénes eran, ni cuántos eran (su número variaba en sus distintas apariciones), ni dónde ni cómo ubicarlos. Y ellos parecían saberlo todo.

La vez (esa de la que hablaba, la primera) que los vi en la casa operativa de Pringles, eran diez, me miraron y yo ya no quise saber más nada. Le entregaron su declaración diaria a Picaflor, que era el que estaba a cargo esa semana del área. La leyó sin mucho interés, sorbiendo su gaseosa con la misma pajita de plástico berreta de siempre, y me la pasó indiferente. En ese momento supe quiénes eran: una vez leído el Parte Nuestro, no pude volver a mirarlos a los ojos (más allá de lo dificultoso que me podría haber resultado mirar a los ojos de los diez a la vez).

Esquirla de novela (Parte nuestro)

lunes, 9 de febrero de 2009

Postal del poder



Las callecitas de Ayacucho tienen ese qué sé yo. Un saber en realidad ajeno, que organiza el espacio, pero del cual podemos reapropiarnos. Ese saber que, como dijo Michel "Torino" Foucault, y simplificando, es poder. En nuestro divagar por la urbe rural del sur de la provincia de Buenos Aires, intentamos atender a los detalles benjaminianos, a los fragmentos que delatan grandes constelaciones, esos relámpagos de indeterminación (o sobredeterminación, según cómo se lo vea) que iluminan verdades fugaces y escurridizas.
Era de prever que caminando por una calle que se llama Poderoso nos íbamos a topar con algo. Antes de pensar si el nombre de la calle era un homenaje a un buque, al koinor, o a aquella persona que se ufana de su investura de poder, Ayacucho, tierra de muertos en quechua, nos regaló una señal de que la tumba de los poderosos está en constante proceso de excavación. El poder, o Poder, aunque no lo veamos, siempre está. Pero cuando lo vemos, cuando lo sorprendemos en un flash inasible, puede mostrar y expresarnos sin quererlo sus debilidades. La microfísica a flor de piel nos hace preguntarnos, ¿quién tiene el poder: he-man(/she-ra) o it-town? Personal o impersonal, impartido por los que lo ejercen o subvertido por quienes se lo apropian y lo desvían de su cauce controlador y pretendidamente ubicuo, esa red de poderes en tensión se manifiesta en números que nombran propiedades, nombres que numeran calles y espacios planificados para ser transitados de una manera ordenada por cuerpos no dóciles, pero sí perdidos en una ficción impuesta. Sin embargo, esa trama también se expresa en todos los usos y abusos que podemos efectuar sobre un espacio dado y cuyas directrices podemos hacer estallar en su continente como una botella devenida molotov.
Los números que pretenden ordenar un oasis de cemento en un desierto de pasturas y los nombres que se extienden sobre las calles de un pequeño felpudo asfáltico que bienviene a la pampa, se diluyen en la resistencia corporal, en la crítica que ejerce el libre albedrío. Así nos debatimos entre la literalidad y lo metafórico que exuda la composición de una placa numérica que se cae y un nombre apuntalado precariamente. El significado es equívoco como todos, pero la ciudad letrada, como la llama Ángel Rama, en su afán de ordenamiento, deja entrever sus falencias a la hora de aspirar al control absoluto. Estos tropiezos del poder se traducen en resquicios de poesía que, a veces, pueden liberarnos brevemente de las cadenas de la brújula. Y esas experiencias reales pueden permitirnos crear nuestras propias ficciones para ponerlas en común, en una especie de mito destructor refundante.

lunes, 19 de enero de 2009

No más farmacias

A pesar de que el Consejo de Seguridad de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó detener los ataques, los narco-fármacoestados continúan el bombardeo contra los enclaves de la Logia Decimonónica por el Resurgimiento de la Amapola (Lo De Rama). La guerrilla romanticista, urbana y floral, por su parte, persiste en apuntar sus rudimentarios cañones a las farmacias de varias ciudades del país de Nunca Hamas, donde se transa la droga contemporánea, la efedrina.

Cultor del láudano, Lo De Rama lucha por su despenalización. A su vez, alega que más allá de tratarse de un derivado del opio, sustancia que tanto influencia a los pueblos, su guerra no es religiosa como sí lo sostienen los farmaceutas. Éstos, lejos de considerar la religión como el opio popular, justifican su postura por el supuesto ensañamiento simbólico que tiene Lo De Rama con las cruces de David que coronan sus templos.

Trudi, integrante de Lo De Rama de Castro, Chiloé, nos manda una foto que retrata el accionar clandestino de la agrupación, en honor al bicentenario poético que se cumple hoy. Aprovechamos para saludar nosotros también al homenajeado Edgar, quien fuera abanderado de la flor oriental y dos veces Heroína de la Fiesta de los Derivados Opiáceos. ¡Quién pudiera llegar a cumplir tantos años! ¡A su salud!



lunes, 12 de enero de 2009

Holocausto en el país de Nunca Hamas

Qué diría Benjamin sobre el devenir de la historia judía, construida con los ladrillos derruidos, con las ruinas pasadas de una larga y traumática lucha de un pueblo, pero cuyo estado-nación imita las estrategias de sus pasados verdugos. ¿Se estará revolcando en su tumba de los Pirineos? Y Marx, ¿habría pensado en la posibilidad de una revolución (¡ja!) dentro del estado que cobija a su dispersa nación y el cual nunca llegó a conocer? Es una pena que tantos intelectuales judíos que hubo a lo largo de la historia y que permitieron teorizar sobre el horror del holocausto nazi no estén acá para criticar desde adentro a su estado, del cual tal vez muchos no se sentirían parte. Un estado-víctima que representa a un pueblo perseguido durante años y con un genocidio sufrido a cuestas, y que construye sobre esa base, sobre esas ruinas, un genocidio infanticida y feminicida. El Angelus Novus de la historia troca en el Ángel de la Muerte.

La franja de Gaza '09 podría llamarse esta nueva campaña, una más de las tantas que en los últimos 60 años de colonización israelí ya llevan un número difuso de muertes por parte de ese estado policial, adelantazgo creado por las potencias mundiales luego de la Segunda Guerra Mundial para mantener a raya a los revoltosos de Medio Oriente.

La excusa de la guerra religiosa ya está gastada, cuando las implicancias económicas que coalicionan a las potencias capitalistas son evidentes. Y el papel de víctima en las rencillas geopolíticas, cuando se pasa a ser responsable, está trillado desde que Cobos era una cigota. Hamas es la creación israelí que se le da vuelta, su Frankenstein, su hijo rebelde, como Hussein o bin Laden para los Estados Unidos. Y en la negación a reconocer a esos hijos deseados, el nazismo del siglo XXI parece perfilarse de a poco en el tablero mundial.

Israel actúa como un calco de Estados Unidos. Una posible justificación del ataque que hoy se cierne sobre Gaza, en consonancia con las desopilantemente trágicas excusas de la administración Bushito para sus invasiones a Afganistán e Irak, podría ser: "Según algunas fuentes, los bombardeos del estado israelí sobre la franja de Gaza serían dirigidos contra seguidores del árabe loco Abdul Alhazred, autor del terrorífico Necronomicón. Un grupo de seguidores del demoníaco autor, tantas veces referido por el escritor filo-nazi H. P. Lovecraft, estaría salmodiando sus versos en los túneles de la franja de Gaza para llamar a los dioses primigenios que descansan con sueño endeble en alguna parte de nuestro cosmos. El despertar de estas formas grotescas y viscosas será el apocalipsis. Con lo que el humilde accionar del ejército de Israel nos está valiendo la salvación de la humanidad".

Si el vivir-con-miedo israelí, debido a los misiles asesinos, poco estratégicos y poco inteligentes que lanza la guerrilla Hamas, conlleva esta respuesta, acá en Argentina tendríamos que esperar que el estado comience a lanzar misiles contra las villas, que tanta inseguridad y miedo le provocan al común de la gente. El meta-bala del gatillo fácil se transformaría así en el meta-bomba sobre barrios de chapa y cartón, o sobre casas de seis pisos de ladrillos como las de la villa 31, que, ¡oh!, tanto molestan por su contraste estético junto al resto del caserío bajo, miserable pero rústico.

Así es, la villa asentada en la franja de Gaza, donde muchos de sus habitantes cruzan la frontera a Israel para trabajar y vuelven para vivir en extrema pobreza e incomunicados, está siendo erradicada con misiles que, de tan inteligentes, se cargan a los líderes de Hamas, a sus hijos y mujeres, a sus colaboradores, a sus simpatizantes, a los neutrales y, por último, a los indiferentes. Que realmente deben ser muy pocos. El Nunca Hamas israelí es el otra vez sopa pero de otro gusto, donde hay un solo demonio que no es el estado, y el infierno son los otros; donde las y los niños no vuelan ni son inmortales, y el capitán Garfio lo ve todo con un solo ojo.

martes, 30 de diciembre de 2008

próspero molina dosmilnuevo

El determinismo histórico parece azotar el uso del lenguaje y, sobre todo, de ciertas palabras. Pero en algunos casos, más que histórico, se trata de un determinismo de calendario. El almanaque modela nuestro lenguaje técnico, ese que se restringe a sólo cincuenta palabras o frases hechas para decir básicamente todo lo decible, sin un mínimo vuelo imaginativo, sin explotar el potencial de creatividad de ese código con el que nos comunicamos, sin que la expresión le dé una chance al oleaje poético.

Esas frases y palabras que sobre todo difunden los medios masivos son modismos pasajeros a veces (hot jeans); otras, neologismos pedorros horneados en la matriz, por ejemplo, de la inseguridad (motochorros (y hasta motochorros acuáticos)); y otras, las peores, palabras que figuran en el diccionario pero que sólo se utilizan para una ocasión especial... ¡¡Próspero!! **Sí, esto no es más que un textito para hacer catarsis** La verdad que escuchar esa palabra únicamente para adjetivar al año nuevo que se le desea a ajenos, da ganas de renunciar a felicitar a terceros y esforzarse de una buena vez para hacer carne el deseo de felicidad propio. Me permito exclamarlo nuevamente, ¡¡próspero!! Cada vez que llega fin de año (como todos los inviernos volvemos a leer que 80 camiones están varados en el paso del Cristo Redentor) es inevitable escuchar o leer esa palabra acartonada, que suena tan exótica y forzada en algunas bocas o páginas. Porque felicidad se desea en distintas fechas, pero ¡¡prosperidad!!

¿Alguien sabe qué se desea cuando balbucea ese adjetivo esdrújulo? ¿Esa prosperidad, ese progreso, tiene un criterio económico, ilustrado, acumulativo o qué? Quienes profieren esa palabra no se hacen cargo de ella, y legitiman su uso instrumental, lineal y rígido; se repite como algo dado y hueco sin considerar las posibilidades de transformación que puede tener el lenguaje. Y aunque parezca una cuestión militante y obsesiva sobre un supuesto buen uso del lenguaje, este vómito verbal no está más lejos de eso, por favor, es tan sólo una entreverada explicación sobre el odio que se le tiene a una palabra.

Pero, claudicando y para no quedar al margen del rebaño, espero que prosperen y progresen en este 2009 nuevísimo (o dosmilnuevísimo), digamos, una o dos fases: de la oral a la anal, tal vez; o del primitivismo al ciber-humanismo; o de la clase media al jet set. Y que vayan a Cosquín para seguir el ejemplo de Molina, que se tomó en serio lo de próspero y terminó siendo plaza.

sábado, 20 de diciembre de 2008

El mito de la media naranja

Por - Partido Obrero Revolucionario

La boca me ardía, llagada de ácido, en plena edad en que la oralidad pulsionaba. Era el noveno gajo que probaba en busca de vaya a saber qué, el ex-centro, alguna pepita de oro, saciar la sed, sufrir el exceso de fósforo del jugo, vivenciar mediante el gusto un pH bajo. Pero la foto sepia no me deja apreciar cuál era la causa de ese fervor con que le daba de a chupones, de a dentelladas, de a sobadas a la naranja, mirando a cámara y llorándole al fotógrafo. Tal vez las ansias de amor depositadas en esas tajadas, o la necesidad de apagar un deseo calenturiento con el jugo cítrico. De todas formas, nada de eso importa, lo que viene al caso es mi pasión temprana por el fruto con nombre de color holandés.

Fue un día de mi adolescencia cuando tía Raquel me contó acerca de la media naranja. Dijo que me veía solo, encerrado, literal, onanista, chupeteando naranjú a troche y moche, y que necesitaba salir de la ermita de mi cuarto para conocer alguna purretita que me moviera el piso, según sus palabras textuales. Yo pasaba el día leyendo diccionarios y escribiendo odas al fruto del naranjo en hojas canson del mismo color. Tía debe haber pensado que contándome lo de la media naranja iba a picar como trucha con mosca. Y la verdad es que era un buen cebo. De hecho años más tarde la felicité por su astucia, aunque ella ni se mosqueó ni abrió la trucha.

–Tulito [así era el diminutivo de mi nombre], tenés que hacerte señor, dieciocho años y el pescado sin vender. Te voy a contar algo, necesitás encontrar a tu media naranja. Tu media naranja es como esa personita en la que vos pensás, y ella al mismo tiempo piensa en vos, o sea, en su media naranja, que serías vos, Tulito. O sea, es el amor de tu vida en reciprocidad. Pero para lograr eso hay que trabajar –dijo, y me entregó una mitad de naranja, la que tomé como amuleto, como mito fundante de mi nueva cosmovisión. Estaba decidido a escribir una nueva página del evangelio.

Y los rituales comenzaron. Al otro día salí a buscar la otra mitad, obnubilado, sin darme cuenta del sentido metafórico de la frase hecha. ¡Y qué hechura! Toda mi vida había sido extremadamente literal y el amor (masc., porque soy bien macho) para mí era el sentimiento de inclinación hacia lo que agrada y se desea gozar. Como una media naranja. Como una purretita.

Mi primer acercamiento con el sexo opuesto con alguna intención que trascendiera el besito en la mejilla fue una chica que se llamaba Sandra. Pero me dejó escandalizada en la primera cita, cuando le mostré mi media naranja y clamé lacrimógeno de emoción por la suya, para ver si se ensamblaban en coito frutal y posterior casamiento, semillitas, hijos, nietos y panteón compartido. Después de ese fracaso rotundo, tía me dijo refunfuñante que no era cosa de encontrar la otra media naranja de un día para el otro. Con ganas de evitar otra frustración, me puse a buscar soluciones.

Así, y por indicaciones de mi diosa-tía, aprendí un poquito más sobre la lengua, la ideología y el mito en autores como Jung y Althüsser. Tenía que encarar los próximos encuentros con un poco más de vuelo en el diálogo, exceder el significado que creía incólume y fijo para siempre, pero siempre intentando encajar en el puzzle; y con garrote, para llevarme la hembra a la cueva y que no saliera más nunca. Pero lejos estaba de ser un iconoclasta con respecto a la redondez naranjal. La segunda muchacha, Valeria, resultó ser un fiasco. Tenía labios como gajos de mandarina y no estaba a la altura prevista de mi arquetipo jungiano. Y la dejé yo, aprovechando para tomarme revancha con el género femenino por el plantón de naranja lima de Sandra.

La tercera purretita, Eva, pintaba para casorio por iglesia maradoniana: sexo salvaje, seso primitivo y civilizada fanática de La naranja mecánica. Pero tenía a sus tocayas en el altar de otro templo. A Evita como líder y a las manzaneras como ejército frente al que se cuadraba. Su tip era la deliciosa de 8,50 el kilo, mucho glamour la chonga. Tanta Eva y tanta manzana que quedé como un Adán Perón cualquiera, secundado como costillita de cerdo a la riojana, y de postre manzanas del árbol prohibido hasta el vómito de compota, con la hoja de parra para taparme el miembro en clara disposición censora del demiurgo, que todo lo dicta y todo le dura. Cuestión que seguí un poco haciendo fachada, bancando la situación hasta que me hartara, hecho que sucedió el día que Eva me fajó con el dorso endosado de su mano. Me puso la firma y me mandó cobrar. Qué humillación… En ese punto yo ya era como la manzana del Guillote Tell. Y la apertura de mundos significantes paralelos me permitió empezar a hacer comparaciones a diestra y siniestra. Pero sobre todo, me permitió entender que el amor no podía encadenarse y eternizarse entre dos cachos de fruta así como así. Y más todavía cuando leí a Roland Barthes. Un auténtico mito muriente.

Yo sabía que este hijo de puta de Barthes la tenía. Imagináte que a una de las mejores marcas de teclados le pusieron su nombre de pila. ¡Qué metonímico! O pensá que se murió atropellado por un camión de una lavandería parisina (lo limpiaron). ¡Qué metafórico! En fin, un día leo Página/12 y veo que hay una nueva sección que se llama Mitologías, muy pro, muy gre, muy a la avant, muy sicobolch, y casi en simultáneo veo en la vidriera de una librería un librito de Barthes que se llama como la sección. ¡Qué analogía! Me lo devoré, imposible resistirse a esa tapa de color naranja; pero antes lo leí, claro. Y valía la pena tragarlo y embriagarse de tanta celulosa y tanta sapiencia. Ahí entendí que Raquel no era más que una tía; y la media naranja, un bolazo. Entendí lo del mito (la mitad de naranja), me percaté del sistema segundo que el mito constituía (Eva mitificada tapaba mi literalidad), supe de los vericuetos de la lengua, de la arbitrariedad palabrera (no pasaba naranja) y del mito como pura forma, y con contenido cristalizado en frases hechas. Es decir, mucho ruido y pocas nueces. Es decir, una maraca muda. ¡Qué oximorónico!

Uno de mis últimos pasos para la desmitificación del par naranjal como amor ideal e inalienable, fue formar una multitud compañera y trotskista, cambiar mi nombre y mi condición de individuo y conformar un sujeto colectivo-partido (a la mitad, per codere). La moraleja a la que llegamos es que la media naranja es artificial y el mito es una forma (semiesférica). Por ende, la media naranja es un mito. Después de tamaña inferencia tiré mi mitad de naranja, ya blancamente enmohecida por los años de desamor, y me fui a escabiar con los pibe.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Pleonasmo



Como un émulo de la epidemia de olvido que asoló McOndo, en Cien años de soledad, y su consiguiente panacea escritural y cartelística para estimular el recuerdo de las palabras que nombraban las cosas, un palafito (esas casas con pilotes sobre el agua) de Castro (Cascho), en la isla de Chiloé, Chile, bienvenía e invitaba de esta manera a inmiscuirse en sus entrañas. La tiranía de la palabra a veces amordaza a las cosas. Pero aun cuando no dice nada, o bien, aun cuando no agrega conocimiento a lo que resulta evidente a los ojos (por qué no un "Pasen y vean"), hay sentencias que nos interpelan. Y nos hacen sacar fotos (-Como te contaba, Trudi, ayer le saqué una foto a una sentencia). La obsesión por la clasificación positivista renace al calor del olvido que impone la realidad virtual sobre las cosas de carne y hueso, y sobre las casas de chapa y pintura, como si fueran carpetas del escritorio de Windows con su debido nombre debajo. Pero igual, qué regio que queda ese cartelito, ¿no? Tal vez un "Esto no es un palafito" al lado y chiche bombón.

martes, 9 de diciembre de 2008

Pirilo


Fugazzeta rellena y moscato.

¿De la casa o Crotta?

Eso no se pregunta.

Uh, perdón, ¡de la casa o Crotta!

Crotta, slurp, crottita.

¡Marche una rellena y un Crotta para el Baba!

Ñam ñam.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Omar, el pícaro gordito


(Hacer click en el dibujito para ver mejorcito a Pulgarcito). Ayacucho, 19-3-1999.


jueves, 20 de noviembre de 2008

Secos & Molhados

Un cuerpo felino de cuero repujado y maquillado a lo kabuki se bambolea en el escenario. Desde esa figura estilizada y andrógina brota una voz, no menos ambigua ni menos armónica. Cuerpo y voz son uno o una, según el caso. Y desde un tema beat eléctrico hasta una balada acústica, el lirismo-contorneo de esa voz-cuerpo se fusiona con quien la oye o quien lo ve, en una comunión musical que no necesita decodificación.

Ney Matogrosso, antes de Freddie Mercury, antes de Kiss, pero después de Bowie, del tropicalismo y Os Mutantes, fue el pilar de Secos & Molhados durante los dos años apoteóticos de la banda brasileña formada en 1971 por João Ricardo. En su corta vida, el grupo sacó dos discos, Secos & Molhados, de 1973, y Secos & Molhados II, de 1974, en los que João Ricardo musicalizó varios poemas de autores como Vinícius de Moraes, Fernando Pessoa, Julio Cortázar, Oswald de Andrade, y Matogrosso los recitó melódicamente, con un registro que iba del grave libidinoso hasta el falsete soprano.



Tal vez lo más sorprendente de la banda paulista haya sido su repentina masividad mercantil que la llevó a batir todos los records de ventas con su primer disco. Hasta se cuenta que la discográfica tuvo que retirar del mercado y derretir otros discos de vinilo para reeditar los de Secos & Molhados. La tapa de ese primer disco muestra las cabezas de los integrantes de la banda servidas en bandeja, en clara alusión al movimiento antropofágico modernista y tropicalista de la vanguardia brasileña. Brasil, glam, beat, poesía, dark, música acústica, Ney, trova, hippismo, setentas, antropofagia, dictadura, masividad. Una ecuación incierta.

Chingui chingui con guitarras podridas, una cuerda de violines tapando un sintetizador, composiciones clásicas con piano y guitarra, un acordeón y una flauta traversa, alguna batería, cada tanto un bajo. Los estilos son múltiples y casi no se mezclan, como lo indica el título del último tema, Toada & Rock & Mano & Tango & Etc. Pero siempre por delante, un cuerpo extravagante pone la voz, una voz envolvente pone el cuerpo. Una pluma o una rosa sirven de extensión a ese cuerpo en tránsito, mutante; y esos objetos se inscriben en el cuerpo, como en una gramática perlongheriana.



En esos dos discos, resaltan letras como Rosa de Hiroshima, de Vinícius, con las que la banda sienta su posición política. A través de una estética de cuerpos mutantes y anulados, de floras ajadas y cirróticas, la poesía de Vinícius se dirige al mundo con versos fotográficos, con imágenes apalabradas del horror: Pensem nas crianças mudas, telepáticas / Pensem nas meninas cegas, inexatas / Pensem nas mulheres rotas, alteradas / Pensem nas feridas como rosas cálidas / Mais oh! Não se esqueçam da rosa, da rosa / Da rosa de Hiroshima, a rosa hereditária / A rosa radioativa, estúpida e inválida / A rosa com cirrose a anti-rosa atômica / Sem cor, sem perfume, sem rosa, sem nada.

O Tercer Mundo, fragmento de "La Prosa del Observatorio", de Cortázar, en una versión pseudo-flamenca cantada en español. En esa letra de 1972, el escritor argentino perfila al humano posmoderno y la globalización del tercer mundo; la piel humana de la Duncan y la piel mundana de Discepolín frotándose en un baile atemporal y ubicuo: Ahí, no lejos, las anguilas laten, su inmenso pulso, su planetario giro, todo espera el ingreso en una danza que ninguna Isadora danzó nunca de este lado del mundo, tercer mundo global del hombre sin orillas, chapoteador de historia, víspera de sí mismo.

Los temas más destacados de los discos, además de los dos mencionados, son Sangue Latino, O Patrão Nosso, Fala, Flores Astrais, O Doce e o Amargo y Delírio. Muchos de estos títulos ilustran los climas de la banda, como ya dijimos, que puede debatirse alternadamente entre un rock furioso y una melodía española oscura. Pero siempre está presente el éxtasis sanguíneo, la inquietud carnal, el sonido corpóreo que, a la vez, cala el hueso como un punzón frío y deja una herida como una rosa cálida.

Ney Matogrosso se desvinculó de la banda luego del segundo disco y comenzó su carrera solista a cara descubierta, pero con la misma impronta exhibicionista, despojada e impudorosa, más mojada que seca.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Despertario

Abrí los ojos por un vértigo impulsivo que me quiso rescatar de un sueño eterno. Pero ante tanta oscuridad que me rodeaba dudé de si realmente había abierto mis ventanas al mundo. ¿Estaría viendo? Sin mover aún el cuerpo quizás tendido, quizás parado o tal vez agazapado, me invadió una incertidumbre todavía más preocupante y perturbadora: ¿me había despertado? En ese caso no recordaba ni dónde me encontraba ni qué había hecho antes de dormirme. Comencé a torcer los dedos acalambrados de las manos para que la sangre circulara y comprendí que estaba conciente después de mucho tiempo. ¿Y si mi conciencia se había escabullido por los pasadizos que conducen al inconsciente y estaba presenciando un sueño (total estoy soñando)? Pronto me sentí flotando en un espacio denso y húmedo, y mis pensamientos se tornaban más alocados ante la imposibilidad de encontrar una respuesta, al menos irreal. Reconocer el furioso sudor descendiendo por los surcos de mi cara, como indicio de realidad febril pudo haberme tranquilizado, pero continuaba levitando y ahora me rodeaban etéreos fantasmas informes sobre un fondo de negrura nunca visto, y daban vueltas en torno a mí con un zumbido que saturaba mis oídos. Estaba muy atemorizado y mis esfuerzos vanos por saber dónde me encontraba se topaban con una memoria totalmente apagada, que necesitaba un reguero de luz, o al menos una opaca claridad para tener una mínima noción. Entonces creí que estaba muerto, sí, sumergido en ese sueño eterno del cual había creído escapar en el principio de esta pesadilla. O esperando el juicio del que tanto se hablaba en el otro mundo. O esperando ocupar otro cuerpo. ¡Eso! Ahora era una pobre alma-mente que estaba en la inmensa oscuridad...

¡Pero basta de estupideces!, balbuceé forzosamente sintiendo un terrible gusto amargo y pastoso en la boca; y el sudor ya helado, recorrió mi espalda produciéndome un intenso escalofrío. Finalmente había hablado, a duras penas, pero había hablado. Ya no podía creer que sólo era un alma porque hacía rato había concebido que no había sido despojado de mi cuerpo. Mi cuerpo, que ahora sentía en su totalidad y avanzando apesadumbrado hacia un sitio incierto, entre las penumbras que ocultaban el lugar donde me hallaba. Los punzantes estoques que ahora sufría mi cabeza llegaron a tal punto que mis manos se tomaron de ella como queriendo defenderse de puñaladas inexistentes. En el sur corporal, las plantas de mis pies percibieron un piso ligeramente pegajoso, y al separarse de la superficie producían un ruido húmedo, un leve chapoteo. Segundo a segundo iba disipando un poco más las dudas aunque me faltaba dar con la más relevante: dónde estaba. Enseguida di con lo que parecía un muro y paré en seco. Era rugoso y frío, y me dio una inmediata sensación de familiaridad. Todo estaba dando un vuelco hacia la respuesta que buscaba. Casi instintivamente caminé a tientas, mejor dicho, decididamente a un lugar prefijado, donde me detuve. Me despabilé hasta que sonó la última articulación y luego de frotarme los ojos, que recién ahora notaba abiertos y materiales, descubrí una borrosa fluorescencia ante mí. Intenté alcanzarla con los dedos y, sin quererlo, presioné la tecla y me encontré bañado en luz y enceguecido debido al terrible resplandor. Cerré los ojos con todas mis fuerzas para poder vislumbrar con más claridad algo de lo que me rodeaba. Entonces vi la cama, la biblioteca, la persiana cerrada de modo tal que no entrara ni el más mínimo halo de vida exterior, y un desorden de ropa, en fin, mi cuarto. Fue cuando recordé la fiesta de la noche anterior y los numerosos vasos de ginebra ingeridos, creyendo entonces, al reconocer mi paradero, que sería bueno un baño de agua fría.

18 y 19-3-99
Ayacucho, Buenos Aires

martes, 11 de noviembre de 2008

5 de enero de 2004

Nacho se levantó primero, a las 9, y mientras el resto intentaba imitarlo, soltó una frase memorable: "No vuelvo hasta conseguir un dulce para el desayuno". Volvió al rato con una gelatina blancuzca que resultó ser grasa de chancho en boteia de agua mineral, la cual untamos al pan con ahínco indiferente. Aunque lo habían cogido de palgo una vez más, como se suele llamar al hecho de ser estafado.

La puerteamos una última y emotiva vez en la colonial ciudad de Trinidad y nos despedimos simbólicamente de los personajes del barrio: el borrasho y la limada que nos miraba fijamente en silencio de vereda a vereda. Luego de saludar a Maltica, a Iyelén y al beisbolista ausente, nos dirigimos hacia el punto de recogida, con Luciana rezagada por su tobiio lesionado. Allí esperamos a que llegara el "amarillo", funcionario que, otrora de uniforme amarillo y ahora de azul (aunque conservara su apodo original), se encargaba de anotar por orden de llegada a quienes querían viajar a dedo (hacer botella), parar a los coches que pasaban e ir depositándo a los viajantes según destino elegido. En ese momento el comunismo era todo. Luego de reservar lugar para la boteia, nos sentamos a la sombra a esperar un buen rato. Mientras los autos pasaban y el amariio se rascaba (terminó siendo un botón que ni siquiera tenía uniforme de ese color; era necesario eliminar la burocracia caminera), conocimos a la pionera estudiante de secundario que, oh coincidencia, nos vino a contar su obsesión negativa con el uniforme amarillo obligatorio, color que según ella la llevó a alejarse de los establecimientos educativos para acercarce a tareas más lucrativas (es posible que el uniforme de los amariios haya cambiado por los mismos traumas maoistafóbicos).

Cuando el sol pegaba fuelte, después del mediodía, nos paró un camión que iba directo a Cienfuegos por 10 m/n, otra vez gracias al cuento de que éramos estudiantes extranjeros y de ninguna manera turistas, oh no, ni allí. El paisaje desde el acoplado, rebosante de campesinos, era muy lindo, muy rico, pero Flor y Luc sufrieron la ausencia de vinchas para sus pelambres. En el camino subieron algunos muchachos que llevaban chanchos embolsados que trinaban, y que no parecía que fueran a jugar carreras de embolsados, sino más bien a encontrar su destino en una boteia de agua mineral para desayuno. Los bichejos invisibles y sólo audibles que nos acompañaron en el viaje a grito pelado causaron estupor en los sensibles ánimos protectores de Flor y Luciana. Por su parte, ellas fueron observadas todo el viaje por las camaradas miradas masculinas, también sensibles, y con ganas de cogerlas de palgo.

Llegamos a Cienfuegos, que nada tenía que ver con Camilo, y luego de cogel cabaio con una vieja que nos iba a conseguir lugar, sufrimos el acoso de siempre y nos hinchamos las pelotas por lo caro y dolarizado que estaba todo lo oficial-legal. Paramos a comer en el Guamá y, mientras un Nacho inusualmente pilas se movía en búsqueda de lugar para la noche, conoció a otra vieja, Irma, que no paraba de chocal palmas luego de vivar a los líderes. Flor se sumó a la búsqueda y Luciana y Luc quedaron a la espera. Allí conocieron a Alexander, un "operado del corazón" que llevaba una biblia con un dibujo del Che-Jesús, y que no paraba de abrazar a Luc con ánimos de dudosa finalidad.

Finalmente, al anochecer caímos clandestinamente, una vez más, en la casa de Wilfredo, anticomunista acérrimo. Nos cobró u$s 20 a los cuatro por lo que resultó ser un bulincico de mala muerte. Wilfredo no paró de paranoiquear: nos iba a levantar a las 5 de la mañana para salir a oscuras, sin ser vistos por la “policía castrista”. Nos bañamos y fuimos al comedor donde nos zampamos un arroz junto a su amigo Bárbaro (Bálbalo), chapa como pocos, que vestía una camisa de red que no ocultaba su panza hinchada de alcohol; y que flasheaba con Nino Bravo, la música ochentosa, Gaby Sabatini y el gol de chilena de Maradona en el ’89. Cuando se quería acordar de algo se retiraba a una mesa contigua de donde estábamos y se ponía en sobreactuada pose pensativa, con sus ojos también hinchados de etanol. Después apareció yirando un chabón que andaba merqueado por ahí y tiró la movida de la droga cubana (formas de conseguirla, poderes curativos, efectos también por demás sobreactuados), lo que generó una pelea con Wilfredo, que ya se imaginaba una temporada en las Isla de Pinos por culpa de nuestro supuesto oficio espía. Nos fuimos a acostar pero estábamos cagadicos, la casa y sus extraños moradores no nos inspiraban confianza. Una vez acostados escuchamos golpear tres veces seguidas la puelta, cada vez más violentamente. Resultó ser Bálbalo, parece que para preguntarle a Wil por el nombre de un tema que no recordaba. El dueño de casa lo cagó a pedos. Nosotros dormimos apenas un rumor.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Mangieri


Murió José Luis Mangieri a las 83 años, editor incansable y poeta, millitante político y cultural de larga data. Siempre del lado de las editoriales "contestatarias" (o como él decía, "en la actualidad las llaman alternativas"), como La Rosa Blindada y Libros de Tierra Firme, le puso el cuerpo a un trabajo que fue poco generoso con su dedicación. Allí publicó a autores de talla XL como Juan Gelman (cuando todavía era S), Raúl González Tuñón y Fabián Casas, y le abrió las puertas a muchos y muchas poetas jóvenes. Como humilde homenaje, acá un fragmento de una entrevista realizada con unos compañeros en 2005 en su casa de Floresta, para un proyecto de revista fallido. Haciendo referencia a la poesía como el "género literario de la resistencia", con sus máximos exponentes en la Guerra Civil Española y en muchos países latinoamericanos que luchaban contra el yugo militar o imperial, esto decía al respecto:
"...el problema que tiene la poesía es que se dice que la gente no lee poesía y los libreros dicen que la poesía no se vende. Yo creo que son macanas: la poesía tiene un problema. La materia prima de la poesía son los sentimientos, que es la zona oscura que con más o menos dificultad manejamos todos. En la narrativa el lector se siente cómodo porque siente que se habla del otro. Y en la poesía te das cuenta que se está hablando de uno. Porque cuando vos leés poesía te identificás con muchas cosas, habla de lo que te pasa. En cambio, la narrativa es más descriptiva. Además, en la narrativa, el lector puede pegar un bajón y levantarse, pero no se va a dar cuenta; en la poesía se te perdió un verso y se te pudrió todo, es un género implacable. Y además no hay propaganda, fijáte que en los diarios ni se comentan los libros de poesía. Se comenta la narrativa y todos sus best-sellers. Las grandes editoriales no tienen poesía."
¡Salud!

sábado, 1 de noviembre de 2008

Naïf 5 / Primer y último vivo

Una de las cuentas pendientes que sobrellevaba la banda era tocar en vivo. Nos sobraban ideas y material, pero la falta de baterista y la fiaca infantilista ("Desde el living de mi casa / voy mirando la ventana / Quiero tocar las cosas de afuera / pero hay algo que no me deja" ("Día Domingo")) que edificaba sobre malos cimientos (ver "Deconstrucción") al grupo, nos había privado de recital.

Finalmente se dio con el cumpleaños de una allegada a Naïf, quien nos invitó a tocar junto a Doris, banda amiga, en un salón palermitano. Promediaba el primaveral y terrorista septiembre de 2001 cuando la banda debutó para nunca jamás tener una réplica. Es verdad que la experiencia fue un tanto accidentada y comenzó a dar cuenta de las diferencias entre los integrantes.

En el escenario éramos cuatro y una batería solitaria que nos miraba desde atrás. Cuando tocamos "Martillar", donde la bata era indispensable, Agus debió ejecutar la intro en guitarra y luego correr gimnásticamente a darle a la chancha y el redoblante. Lean al bajo, observaba todo desde su turbante palestino, comprometido con los tiempos que corrían, una semana después de la caída de las torres. Fede golpeaba su destornillador sobre su guitarra, aunque por dentro quería golpear a Luc, que ponía cara de circunstancia frente al público, en su desorientación por la bola de ruido de la banda y el chorus y la distorsión que le habían puesto a su voz para "Un día peronista". La frutilla del postre fue justo al final, cuando tocamos "La sudestada", viejo tema de Agus, Fede y Lean (del cual hay una versión de antología cantada por este último, y que también fuera tocado por Ojos de Perro Azul). El final del tema, ruidoso y furioso como la mayoría de los de la banda, fue coronado por un leve estallido de la zapatilla donde estaban conectados todos los equipos. Un orgasmo eléctrico del que nadie se dio cuenta, salvo por la nubecilla con olor a quemado que se elevó como un efecto especial. Qué mejor manera de bajar del escenario para nunca más volver a subir. Después vino Doris y todos contentos.

***
Como regalo, aquí se puede bajar la única grabación rescatada de Martillar, realizada cuando ya contábamos con el Turco Iván en batería. Según León, el mejor tema de Naïf, en tanto "pseudochacarera sónica". El sónido es pésimo y satura porque se trata de un ensayo, así que calma chicha. Nótese cómo Radiohead nos tomó prestado el punteo para su tema "Sit down. Stand up" (Hail to the Thief, 2003).

martes, 28 de octubre de 2008

supernova de arrabal

destetado de la suburbe

sin mi vía láctea

agonizo

y una estrella lejana

en un futuro lejano

me verá languidecer

martes, 21 de octubre de 2008

Somnio de Novela

Algo se me cae de la mano y se rompe en el piso.

Pero no tengo ganas de abrir los ojos, se está tan bien así. Los ángulos del cuadro pintado debajo de mis párpados son realmente estimulantes para el abandono del cuerpo, me trasladan al momento mismo de mi nacimiento, cuando todo era negro, inmemorial, vacío de sentido.

Algo se me encaracola y esquirla la caparazón

En pleno asalto, Emilia me saca a bailar con nuestros doce años: está vestida de hawaiana y me tiende su mano con una sonrisa, pero mi machismo y suficiencia púber no pueden soportar esa escena: ¿una mujer sacando a un varón? Busco la complicidad de mis amigos con los que estábamos hablando de Freud para reírnos de la situación, para no mancillar mi orgullo, para evitar la vergüenza, y los pibe me salvan las papas con carcajadas e índices humillantes. Emilia vuelve a su silla solitaria con una mezcla de tristeza y bronca.

Algo se sedimenta en mi devenir y astilla la bola de cristal.

Ese momento marca un antes y un después. Un antes feliz e ingenuo; un después de arrepentimiento y desesperanza. La oportunidad... La oportunidad no es más que un instante que nos toma desprevenidos, un bondi que pasa sin que levantemos el brazo para pararlo porque el pucho está muy rico y creemos que vendrá otro muy pronto. ¿Y si lo paro y subo? ¡Ey! ¡Pará, la concha de tu madre! ¡Ey! Sí, eso es. El bufido de la puerta tranquiliza mis bufidos pulmonares y subo los tres escalones con mi ropa chorreando lluvia.

Algo se me seca en la boca y se quiebra como el hielo.

El colectivo está repleto de pasajeros, está Eduardo haciendo morisquetas al espejo del conductor, y hay indios recién salidos de la Billiken, y están mis amigos de la secundaria jugando al teto, y está Genaro con un molino de viento atado a una correa. Pero yo no quería subir a este bondi, ¿a dónde me lleva? ¡Chofer! ¡Pero si soy yo el chofer! ¡Y no sé manejar!

Algo se esfuma en mi mente y parte al sueño en dos.

***

Insomnolescencia

martes, 14 de octubre de 2008

Crisis de novela

El vagón del subte A amenazaba con desarmarse a cada balanceo que daba sobre los rieles. Parecía una caja de cartón cuyos lados se doblaban transversalmente con respecto al techo y el piso. Y dentro de ella, sólo César y una mujer. Pero no era Emilia.

César había tenido que tomar el subterráneo para poder recordar la situación del mundo y la particular en su país. Ya le había resultado extraña la escasez de personas en la calle, más allá de que fuera domingo. Pero la estación Sáenz Peña, desierta de abandono y completamente descuidada, y la larga espera de veinte minutos por un subte de dos vagones despejó la aún nubosa (y con probabilidades de lluvia) razón de César. Muy pocos eran los dueños de las tiendas y almacenes que se animaban a abrir sus puertas al peligro de robos y saqueos. El bar de la esquina de su casa, por ejemplo, abría al azar, y siempre podía verse al dueño apostado detrás del mostrador, apuntando con una escopeta hacia la puerta de entrada. "Va a espantar a los pocos clientes", le decía Eduardo luego de su cortado matinal previo al acotado y cotidiano futuro del día que lo esperaba. "Tómatelas, o te cago a tiros", le contestaba Alfonso, fiel a su mal humor.

"La caída del capitalismo es cosa de horas", "Cuenta regresiva" y "El último que apague la luz" eran algunos de los inverosímiles titulares de los diarios que no se consideraban sensacionalistas y que César había leído en la espera del subte frente a un kiosco de la estación, el único negocio abierto del túnel. Le había parecido gracioso que la caída del sistema económico, social y político pudiera suceder a una hora determinada. Inmediatamente observó su reloj y constató que habían pasado diez minutos del mediodía, diez metros debajo de la tierra en un destartalado vagón.

La situación de quiebre histórico tenía diferentes causas, según quién las defendiera. Pero para los medios de comunicación del mundo, manejados por empresarios ligados a los gobiernos conservadores o liberales de sus respectivos países, era atribuible a la guerrilla neomarxista, al terrorismo y "a todo tipo de manifestación en su contra". Así cualquiera, pensaba César, sin dedicar más tiempo para elaborar una idea al respecto. La versión oficial de la crisis sonaba poco creíble, pero estaba en boca de todos. Supuestamente, todo había comenzado en Estados Unidos dos meses antes, cuando un empleado de la Casa de la Moneda había logrado su ansiado cometido que le había consumido los últimos cinco años de su vida. La agrupación "Eureka", que más tarde se autodenominaría como una "banda dedicada al terrorismo financiero" y "un poco comunista", había desechado casi todas las teorías científicas que mostraban un supuesto camino de liberación y habían puesto sus esfuerzos en el pragmatismo sobre la ficción de los números. El empleado del Tesoro estadounidense Gene Hawthorne, líder del movimiento, había infiltrado una red de sus un poco camaradas (también empleados) en dicha institución, de manera tal que estuvieran una franja de dos horas del día ocupando todos los puestos estratégicos del edificio. Así, estudiando las máquinas impresoras de dólares y todos sus mecanismos de seguridad, lograron montar un taller destinado a reproducir los billetes con los mismos números de identificación que ya habían sido emitidos legalmente, y sin diferencias detectables. Finalmente, luego de años de trabajo, cuando tuvieron la cantidad que consideraron suficiente, dispusieron los fajos en grandes valijas y a cada integrante de Eureka se le asignó una zona del país donde debería hacer la repartija. La modalidad consistió en dejar un fajo en el buzón de cada casa o edificio y luego... esperar. Esperar a que esa masa entrara en circulación y que, de repente, las arcas del Estado vieran reducida su proporción con respecto a ese dinero que ahora pasaba de mano en mano, y con el cual muchas personas se habían "beneficiado" sin nada a cambio.

Pero fuera de las voces y rumores cantantes y populares, la mira apuntaba a los grupos económicos que sostenían como marionetas a la mayoría de los gobiernos, sobre todo de los países históricamente dominados, hasta llevarlos a la bancarrota. Los países más poderosos tenían un declive económico en proporción mucho más grande, debido a conflictos estratégicos entre sí, que implicaban intereses corporativos, y que los llevaba a una nueva etapa proteccionista que hacía decrecer los números en las estadísticas. Las empresas eran el gobierno desenmascarado en todo el mundo. Pero su acción a través de los medios de dominación, como los de comunicación y los de los fusiles, seguía hipnotizando y atemorizando a buena parte de una sociedad de consumo cada vez más consumida.


octubre 2001

sábado, 4 de octubre de 2008

13 de febrero de 1999

La noche nos había encontrado a la entrada del Valle de la Luna, a 17 km., en un paraje desierto llamado Los Baldecitos, luego de la visita al Talampaya. La noche fue la más estrellada, la más fugaz y la más extraña en cuanto a lo meteorológico (nubes y relámpagos en el horizonte y caída de alguna nota húmeda sobre nosotros, bajo un cielo sin nubes). Pero quedamos varados y tuvimos que armar la carpa junto a la ruta, a la espera de un nuevo día, de algún auto que nos alcanzara al Valle y de que ninguna víbora nos envenene el sueño.

El policía de la garita rutera me levantó a las 8 y media de la mañana avisándome que pasaría la camioneta de Parques Nacionales hacia el Valle de la Luna, pero cuando salí de la carpa se estaba yendo. Facu, Kurt y Novi se levantaron una hora después, desarmamos la carpa y comimos unas galles con coca bajo el sol que ya rajaba el paisaje seco y sanjuanino. Luego de un rato sin novedades sobre el asfalto, a las 12 pasó Daniel, un obrero del parque, con su esposa, su hija y su tío Ángel. Nos llevó hasta Ischigualasto y en la entrada al parque se ofreció a llevarnos también en el recorrido. Careteamos la entrada a la mitad ($10) y fuimos junto al guía pasando las distintas formaciones (Rastros, Ischigualasto y Barrancas Coloradas), observando fósiles y cerros con formas imaginarias que nos interpelaban cual tests de Rocharch. En la caravana contábamos con un émulo de Lorenzo Lamas y la familia tan macanuda con la que compartimos hostilmente la excursión por Talampaya. La mala noticia fue la caída de un mito de los noventa: le pregunté a Víctor sobre la posibilidad de que tocara Pink Floyd en el Valle de la Luna. "No, ¿acá en el parque? De ninguna manera".

Pegamos la vuelta con Daniel, que se ofreció a llevarnos hasta su pueblo, Chamical, en la provincia policial de La Rioja, del cual ninguno de los cuatro teníamos idea sobre su existencia, y desde el cual empezaríamos el regreso. Merendamos en una Esso y allí se nos acercó un profesor de gimnasia que hacía trofeos (¡¿?!) y al que le despertamos tanta compasión que nos invitó unas cervezas y nos regaló su gorra (¡¿?!). Luego fuimos a placearla al Centro, donde nos enteramos de la inminencia del corso chamicalense. Antes que nada, nos anticipamos al control policial extremo que se cernía sobre la provincia menemista y fuimos a la comisaría más cercana a registrarnos como visitantes, antes de que nos ganaran de mano como las veces anteriores. Cenamos en la pollería de El Padrino un pollo con fritas y un vino montonero, e hicimos un balance exhaustivo del viaje que terminaba. Después nos fuimos pa'l corso.

Caímos con las mochilas como cuatro extraterrestres en corso chamicalense, como búlgaros en rumba, a tal punto que llamábamos más la atención de los locales que las comparsas. Aprovechamos nuestros quince minutos de fama y conocimos a Beto, que nos hizo un breve repaso sobre las últimas necrológicas del pueblo y nos hizo un ranking de minas que le cabían, en el que la Alfano ocupaba los tres lugares del podio. Después, ya en medio de la multitud, nos llenaron de nieve, hasta que nos cansamos de la impavidez y fuimos a comprarnos unos pomos (si es carnaval...).

La noche seguía. Volvimos a la plaza y conocimos un pibe de Comodoro Rivadavia (¡¿?!) que nos conseguía entradas para el boliche. Aguantamos con ferné-cola, bebida regional por excelencia, y ubicamos las mochilas en el auto de Pil, dueño de la boîte. Recién a las 3 la adolescencia empezó a entrar en Zambra Disco, y nosotros lo logramos a las 4, a pesar de nuestra vestimenta y nuestra pulcritud. Nada de baile, claro. Salimos a eso de las 6, barrileteados y exhaustos, agarramos las mochilas y nos fuimos a dormir a la estación de tren abandonada.

Una vez más, el itinerario azaroso nos regalaba un día extraño.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Es de niño limar

La escuela moldea, de eso no hay dudas. En ciertas épocas las políticas educativas apuntaron a igualar parámetros simbólicos y culturales, ya fuera por las olas inmigratorias a las que había que acercar a una identidad nacional homogénea, o ya por su consecuente aluvión apátrida que amenazaba las instituciones. Actualmente el molde está oxidado y las políticas educativas se limitan a la reducción de presupuesto, de becas, libros regalados por empresas a cambio de favores en otros ámbitos, y terribles esfuerzos de docentes y no docentes en la contención social (afectiva, alimentaria, etc.) del alumnado. Pero a pesar de que los medios tapan buena parte del hueco dejado por la escuela (limando más asperezas encefálicas), ésta mantiene su vieja meta normalizadora.

Es difícil pensar qué sería de nuestras subjetividades sin esa mediación institucional instituyente, aunque haciendo un trabajo foucaultianamente arqueológico en lo discursivo pueden llegar a encontrarse varios indicios.

Llegando a una conclusión apresurada me animo a decir que el
su(b)rrealismo es natural, o mejor, que la subjetividad de un niño se alimenta de inconsciente balanceado y subterráneo. Y el realismo es puro racionalismo bombardeado por la educación formal. Ninguna novedad, pero tengo un tema para mi próxima investigación de doctorado, que no tiene nada que envidiarle a las hipótesis demostradas de suyo de Atilio Rosetti.

Acá van algunas oraciones encontradas en mis cuadernos de primer grado, con consigna libre, que demuestran el surrealismo como patrón perceptual y expresivo en un niño y, por lo tanto, y si nos valemos del método inductivista, en la totalidad de niños y niñas. Que Breton vaya a la escuela.

Pedro cuando nazca estará contento.

El osito es muy bueno porque no entiende nada.

Yo juego al frontón en un bar.

Los frenos los están tocando toda la gente porque hoy hay un tráfico.

Hoy soñé que soñar era feo.

En 1810 él hizo un lío, tiró el agua a una carreta.

Un adolesente tiene una lengueta, pero grande.

En un día nublado el viento habre el cierre de la nube y de la nube sale agüita.

Las uvas verdes están marrones.

El es feo muy feo.

El fuma y tira humo muy fuerte.

Los ñoquis están riquiquisimos.

El dedo menique me lo partí en 4.

La escoba está mugrienta porque estuve barriendo la casa.

El ropero está grandesito pero chiquitito.

La yerba es verdosa como el baño.

Yolanda es lindita pero feita pero lindita.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Ojos de Perro Azul

Las bandas teen salen con fritura a rolete y a troche y moche. La mayoría está condenada a la ermita del garage/altillo/terraza; aunque cada tanto, por su afinidad con el canon comercial, alguna la "pega". Ojos de Perro Azul no pudo con su genio de realismo mágico menemista y se condenó al altillo sin salirse del canon comercial. Después del palo, tengo vía libre para continuar sin que se me tilde ni acentúe de tendencioso.

La banda nació promediando 1998, grunge congénita, en el último año de secundaria de cinco compañeros: Lean al bajo, Agus a una viola (ambos después integrantes de Naïf), Matías a la otra viola con pedalera, Jacki a la bata y Luc a la voz. El nombre fue tomado de un tema instrumental titulado como el extrañamente onírico cuento de García Márquez, que venía de las épocas de una banda antecedente, Depresión Maníaca, y que siguió siendo ejecutado por Ojos de Perro Azul. "Interstate Love Song" de Stone Temple Pilots fue el primer cover, al que le siguieron un par de Pearl Jam y "I want you" de los Beatles, hasta que surgieron las primeras canciones de la cantera. Rockitos como "Cabeza Cuadrada" y "La bodega", éste pincelado con alguna veta oscura; algún tema disco como "Esa droga femenina"; homenajes/plagios como la melosa balada "All the sand"/"Jalea de perlas"/"Todo el polvo"; letras tristes con atisbos de hard rock grungeoso como "Vencido sin pelear", "Estatuas de sal". Además del grunge y el ocaso beat como base, otras influencias pretendidas fueron Led Zeppelin y Los Redondos. Eso se reflejaba en los solos de viola, los efectos de la pedalera, las entradas de la batería y el alto volumen del bajo.

Luego de un par de Acatraz, algunas tocatas en bares y la compra de equipos para llevar a la costa veraniega y porrista, donde Ojos de Perro Azul ofreció sus últimos recitales en la arena playera, la banda comenzó a disolverse en la arena de la lucha de clases, de estilos musicales, de volúmenes y de estrellatos. A comienzos de 1999, el grupo se tentó con la posibilidad de emular a Yes y a Pink Floyd, y en el intento vano de hacer un tema de ocho minutos, "Reloj de madrugada", sucumbió a sus limitaciones y a su impaciencia. Con la secundaria, el siglo XX y Nemen, se iba al tacho una banda teen más. En 2002 se juntaron para dar un recital despedida pero no hicieron ninguna gira ni ganaron un mango.

A diez años del primer Acatraz de la banda, y con el afán de cargar con más música el mundo virtual que en aquella época no existía, acá se hace público el demo para su descarga. Incluye "Vencido sin pelear", "All the sand" y "Esa droga femenina".

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Es de niño creer

Cucurrucucú.

Silencio.

La persiana está abierta hacia afuera y deja ver una franja de claridad nocturna.

¿Son palomas o es alguien que me quiere hacer perder el sueño?

¿Es dios?

Tapado hasta la médula grito por ayuda paterna.

La luz se prende.

La persiana está iluminada y abierta hacia afuera; deja ver una franja negra desde donde viene el ruido sordo palomar.

Qué pasa.

Escucho algo, un ruido, como un grú… grú… grú que no para.

Es el ruido del silencio, y la luz se apaga.

*****

Conciencia de mi conciencia, manos negras que flotan con un ojo desorbitado entre el pulgar plegado y el índice extendido. Las pienso y me piensan. Me ordenan y desafían. A ese viejo lo pasás caminando rápido antes de llegar a la esquina. Y allá voy, porque si no cumplo las manos pueden hacer que pase algo malo. ¿Serán dios? ¿Serán dioses? No pienso en rebelarme, en el fondo creo ser yo mismo el de las órdenes. De hecho, mi mamá dice que cuando se descuida yo multiplico mis manos. Pero por qué manos. Tal vez, seguramente, es evidente que por el cartel que anuncia a la entrada del baño de mi casa: “My lord, ladies and gentlemen”, junto a una mano negra que señala con su índice. Aunque no sé ni qué significa eso que dice en inglés. En la entrada de ese baño al que iba pisando las patas de mi papá, al que me llevaban las patas de mi papá. Donde una vez casi toco una rata con el índice extendido y me salvó el grito de mi mamá. Fe de ratas.

Manos mamá.

Patas papá.

*****

La iconofilia de la iglesia realmente puede ser efectiva en el imaginario que se construyen niños y niñas. Cuando uno es infante puede creer en dios como en Papá Noel.

En la década del ochenta solía verse en muchas casas un retrato clásico de Jesús colgando de la pared (pero no de la cruz), con el corazón trascendiendo el pecho y a la vista, con alguna frase que para un niño seguramente pasaba desapercibida. Al cabo que vivimos en un mundo en el que la imagen se exacerba y reproduce cada vez más, saturando y esclavizando nuestra percepción; donde muchas veces las letras también son imágenes que debemos interpretar sin comprender su lectura. Esa imagen jesuítica acudió recurrentemente a mi cabeza a la hora de representarme a un dios. Las imágenes también imponen creencias.

Pero además de esto, un amiguito del jardín, que ahora sería la envidia de unos cuantos troskos de pasillos universitarios, me metió algunas ideas diocesanas en los recreos de la terraza, donde el cielo estaba al alcance de los ojos. Allí, a falta de un puntero, levantaba la mano para demostrarme alguna que otra cosa indemostrable en el pizarrón celeste con nubes de tiza.

A la salida del jardín:

-Má, ¿me comprás un alfajor?
-No, no tengo plata.
-(Con tono suplicante previo al llanto) ¡Dale, má!
-Te dije que no.
-¿Pero por qué no le pedís plata a dios?
-(Sorprendida, agnóstica e irónica ante el desafío) ¡Ahá! Mirá vos, a dios. Y decíme, ¿vos lo viste a dios?
-(Serio) Sí.
-…
-Yo estaba adentro de tu panza y lo vi por tu ombligo. Te avisé, pero vos no me escuchaste.
-(Comprando el alfajor) …

lunes, 1 de septiembre de 2008

Palabras cruzadas

Hacia el anochecer, la terminal empieza a vaciarse, llevándose los últimos pasos apresurados de personas innombradas, en busca de los últimos micros que parten hacia los suburbios, hacia el anochecer.

Hacia el anochecer la terminal se llena de oscuridad, trayendo los primeros peligros anónimos, en busca de materializarse a través de sus primeras víctimas. Pero el peligro cotidiano no es más que una costumbre latente, mala costumbre de pensar en el peligro que nunca sucede. Y la permanente atención y la constante vigilia se tornan aburridas. Al fin y al cabo, el peligro siempre es potencial, acá nunca pasa nada. “Qué trabajo de mierda.”

Sólo puedo evitar el peligro si dejo de pensar en él. No tengo más que entretenerme con las palabras cruzadas que religiosamente luchan contra la soledad de la garita, sosteniendo con fe cada lanza (cinco letras, vertical (u horizontal, siempre seguirá siendo una lanza), primera letra "l", arma compuesta por un asta y un extremo puntiagudo) de tinta, que pugna por estaquear los espacios de blanca soledad. Entre bostezos y catarro de ex fumador, me despabilo, abro la revistita y me pongo cómodo...

Se supone que la calma de la noche debería estar garantizada por mi trabajo de estática vigilancia. Se supone que aquí debo permanecer, dentro de un prisma que debería ser a prueba de lanzas, solitaria caja sin sorpresas y con una única presa (cinco letras, horizontal, cosa apresada o robada (pero... ¿puedo considerarme realmente una cosa?)). ¿Y qué pasa si el sueño me arrebata de una noche más, una noche como todas, y me lanza dentro de su caja volátil, en furiosa cruzada contra la vigilia? Total, la terminal está más tranquila que nunca. Sin micros ya, ni gente que los haya perdido, con algún que otro perro cruzando el pabellón central y un coro de grillos periféricos que le canta al silencio y pone encuestión mi función en este lugar: termino siendo espectador (diez letras, que presencia u observa o sueña un espectáculo (¿no sería mucho para un coro engrillado?)) de un grupo de insectos que está lejos de un cruzamiento comercial y de cualquier grilla de definiciones lanzadas. Quizás se hayan propuesto cantar palabras nocturnas; o, tal vez, invertir roles y vigilar insomnes mi garita a la expectativa de ciertos sucesos; o por ahí canten sólo para luego callar (cinco letras, cri cri, guardar silencio, ¿en una caja?). ¿Y a mí qué me queda? Si me aburre cruzar la calle (camino por el que se transita, se cruza, se calla, cantan grillos, cinco puntos, soy el del medio, paralela... perpendicular... se acercan) y esquivar palabras y lanzarme hacia el anochecer. Y me duermo y me intentan robar el sueño. Y yo intento soñar horizontes verticales, o tal vez apresar cuadrados (figuras regulares de cuatro lados, blandas, horizontales, verticales, perpendiculares, paralelos, meridianos... sí, son cuatro y se acercan callados) blancos. Grillas blancas que blanden lanzas.

Las palabras se me escapan y se me mezclan, pierden el sentido dentro de la caja.

Las palabras mutan, pierden las cruzadas contra las herejías oníricas.

Y yo encallado en un espacio lleno de silencio, pierdo el sentido guardando blancura en una caja vacía. No quiero llenarlo más, me asfixio... ¡Basta de palabras, me rodean! ¡Déjenme salir!

Las lanzas de plomo atraviesan las paredes del cubículo que contiene mi cuerpo vertical e hincan mi carne, como afiebradas varas que, hacia el amanecer, coronan este sueño terminal (ocho letras, última estación en el recorrido de un tren, una línea de ómnibus, una vida).

Horizontal.


Luc Bec Sac 03-03 (4, 5, 6)

miércoles, 27 de agosto de 2008

Punto y coma;

-¿Me decís la hora?

-No.

"La puta, esto no me puede pasar a mí a esta altura del partido", pensó E. Se hacía de noche, no tenía mucho para hacer ni le debía nada a nadie, pero tenía una necesidad imperiosa de saber la hora.

Los relojes de la ciudad estaban descompuestos, como si fueran teléfonos, por una epidemia de lentitud que los había hecho retrasarse irregularmente. Y encima de todo, la poca gente que atesoraba un reloj pulsera en su muñeca (los únicos que habían sido inmunes al brote témporo-virósico) rechazaban su pedido de forma despectiva sistemáticamente.

Ahí, por ejemplo, se aproximaba un señor de traje, mirando a uno y otro lado, en actitud furtiva y ocultando con su mano derecha la muñeca izquierda. E. Pensó en algo triste, en su último uno en álgebra, y comenzó a llorar. Tanto que las lágrimas casi lo ahogan, mientras el hombre del reloj pulsera pasaba sin poder ser preguntado siquiera; tal vez apenas haya escuchado una gárgara lacrimal.

Pero lo que no viene por un lado, viene por el otro, como dijo un amigo optimista que fue atropellado en una avenida doble mano. Una señora setentona/tista se detuvo al lado de E. para consolarlo: le secó el llanto baboso vertido con el dorso de la mano; lo besó con rouge, brillantina y lengua; y le preguntó:

-¿Qué es lo que pasa, joven?

-¡Quiero saber la hora! -dijo E. respirando un poco más acompasadamente.

-Ay, haber empezado por ahí, ¡es la hora de comer!

Y de un pique corto, la señora corrió al hombre del reloj pulsera, lo tacleó y se lo engulló de una sola vez.


*dos mil dos, sin hora (a-hora).

miércoles, 20 de agosto de 2008

Liniers no inventó nada

Sigue la publicación de reliquias, esta vez un claro antecedente del Mazo de Cartas (que próximamente saldrá del horno. O de la cajita, en fin...). Un texto en el que el plagiador historietista con nombre de virrey y de barrio debe de haberse inspirado. Claro, esto si hubiera tenido acceso al mismo. Tal vez lo soñó.

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De: Bec Sac
Para: Facuya
Enviado: sábado 5 de febrero de 2000, 15:06
Asunto: secreto

Érase una tarde de 1143, en la que un conejo llamado Sepúlveda se encontró con una serpiente autodenominada Roque.

-¡Pero cómo! -exclamó Sepúlveda-, ¿vos no sos mujer?

-Sí, pero soy una serpiente travestida y perseguida por la logia Lautaro -respondió Roque. ¿Querés entablar una relación conmigo y correr libres por la pradera y viajar de luna de miel a la sabana de Tanganika?

-Sí, quiero -aseveró el animalito de largas orejas sin dudarlo un segundo.

Quién lo hubiera pensado, conocer una serpiente travesti y encima con plata. Realmente era su día de suerte.

-¿Qué esperamos? -dijo Roque con una sonrisa de oreja a oreja (él/ella creía ser como Sepúlveda y tener orejas como para sonreír de una a la otra) y agarrados de la mano (¡...!) se internaron en un frondoso monte. Pero a la vuelta de un árbol los esperaba un ser realmente raro.

-Y tú, ¿qué espécimen eres? -preguntó admirado Sepúlveda.

-Soy una logia y mi nombre es Lautaro. Antes que preguntes lo que me imagino, te digo que soy una logia travestida, y vengo en busca de Roque.

Roque bajó los ojos tristes, suspiró un "Adiós, Sepu" al conejo, y se fue junto a la atenta mirada de Lautaro.

El conejo Sepúlveda, un poco acongojado por el frustrado día de suerte, pensó que la pareja que hacían Roque y Lautaro era realmente rara, pero bué. Y también pensó en qué tendría Lautaro que él no tuviera. Por lo pronto, decidió travestirse. La liebre Sepúlveda siguió su búsqueda de un día de suerte por las praderas neerlandesas por el resto de su vida... (Fragmento de "Una triste historia medieval", de autor medieval desconocido).

miércoles, 13 de agosto de 2008

Carretera perdida


En cada viaje que se emprende uno se muere un poco. Es que cada traslación corpórea implica otras tantas, más movilizantes aún, y ya nada vuelve a ser como antes. Cada viaje fuera del ámbito sedentario es como una suspensión de la realidad, de la acostumbrada realidad, y una inmersión en un océano de extrañezas, como una transportación dimensional.

Los trayectos sin itinerario son como puntos de fuga que se escapan de la lógica, del esquema, del control, muchas veces de la razón, más allá de que se siga un camino ya trazado o una huella tímida de algún viejo adelantazgo. Muchas veces los diarios de viaje intentan apalabrar e iluminar un poco esas travesías para reconocerse en ellos y no perder la propia historia en la inmensidad de los confines.

Pero lo que parece una línea sobre el asfalto puede ser una cinta de moebius. Y las ciudades, pueblos, caseríos y paisajes que se perciben pueden ser tan invisibles como los no-vio Calvino. El nomadismo es una búsqueda sin mapa ni brújula, pero con un cierto afán de conocimiento, de pantallazos sobre el otro lado del espejo, de revelaciones oníricas sobre los sentidos despiertos. Y es también un escape del sopor, un sacrificio del presente progresivo hacia un horizonte previsible, una apuesta al 37 en la rula.

Foto de alguna puerta dimensional en la ruta que atraviesa las Salinas de Ambargasta, Santiago del Estero. Pero seguramente, otro lugar.

martes, 5 de agosto de 2008

Bicentenario poético


Nada de patriótico tiene este llamado a la festividad que se avecina. El próximo enero se cumplen dos centurias del nacimiento del más trovadicto de los escritores. Y tamaña anticipación apunta a juntar voluntades para festejar y homenajear a Edgar Allan Poe como se lo merece: así que a cultivar amapolas y fermentar el amontillado.

Desde este espacio dado a los aniversarios y efemérides, detector de potenciales excusas para el descalabro extático, queremos advertir sobre el natalicio del padre del relato breve (o de la crónica, ese cruce entre literatura y periodismo que tanto le gusta citar a Aníbal "Henry" Ford), creador de tópicos modernos e inspirador de tantos postreros y postreras escribas, musicantes y demás artistas.

Pierrot podría haber sido tranquilamente su personaje, un posible émulo de William Wilson; o bien una satírica imagen de su propia vida, tan lunar y loco, tan romántico y etílico, tan carnavalesco y doble, tan melancólicamente darki. Tan integrante de la banda de los corazones solitarios de Sargent Pepper. Tan flâneur en la multitud.

Salvando su ideología sureña por adopción en la Norteamérica presecesionista -y por ende esclavista-, rescatamos su pluma de ave nocturnal que planeó sobre paisajes y temporalidades extravagantes (como Lovecraft, zarpado cultor de las letras de terror cósmico y subsidiario de Poe, pero tremendo hijo de puta). En fin, un tipo que fue consecuente con el ideal romántico, enfermizo, autodestructivo y enamoradizo de los fantasmas.

Las fichas ya están sobre la mesa. Desde aquí levantamos nuestros trapos: "La verdad sobre el caso del señor Valdemar", "El gato negro", "Manuscrito hallado en una botella", "Ligeia", "La máscara de la Muerte Roja" y el sanlorencista y canónico poema "El cuervo".